La Virxe da Pastora de Cambados recupera su mirada

El restaurador Jose Aguiño ante la talla de la Virxe da Pastora | mónica ferreirós

La Romería da Pastora es una de las fiestas más entrañables de Cambados y está considerada como la más antigua. Se dice que llegó a estar a la altura de San Benito de Lérez y a superar incluso a las hoy masivas procesiones de Fefiñáns. De hecho, la comisión organizadora ha ido cambiando con los años, pero heredando siempre a miembros preocupados por mantener viva la tradición, que ha vivido peores y mejore momentos. Una de sus últimas iniciativas ha sido someter la talla de la virgen a un nueva restauración y el Concello respondió haciéndose cargo.


Hace una década fue objeto de una intervención, pero tenía nuevas necesidades que se pusieron en manos del reconocido restaurador Jose Aguiño. El trabajo terminó el año pasado, a tiempo de lucir en su mejor esplendor durante sus fiestas, pero la pandemia truncó los planes de grandes celebraciones. El artista reconoce que se encontraba en bastante buen estado, lo que no restó dedicación y tiempo a la tarea, como todo lo que se refiere a un bien de valor histórico y artístico como este. “Había moito feito de intervencións anteriores, pero se fixo unha corrección da cor –é unha talla policromada–. Ten os ollos de cristal e un estaba movido, así que se recolocou para que tivera unha mirada lóxica, non se sabía cara onde miraba. Tamén houbo que facer algúns arranxos porque tiña os típicos fallos de manipulación, de chocar contra cousas ao movela, e aproveitouse para facerlle unha limpeza”, detalla.


El experto se afana ahora en hacer lo propio con su séquito: ocho ovejas, tres pastores, un burro y cinco ángeles, que también precisan de intervención y que se supone, pertenecen a la misma época. Estamos hablando del siglo XVIII, cuando la advocación de la Virgen María como pastora celestial se extendió desde Andalucía a través de la orden franciscana y, de hecho, se cree que se sustituyó por la original de la ermita, la de A Nosa Señora das Neves, seguramente por influencia del convento de la Concepción (hoy iglesia de Santa Mariña Dozo).


Trabajos estos que Aguiño compatibiliza con otros y va alternando en función de los tiempos propios que necesita cada paso de un proyecto de restauración. Por ejemplo, en sus manos también está la virgen aparecida el año pasado en medio del río Sar (Santiago). Un curioso hallazgo cuyo misterio no fue más que, llegado el momento, la pieza se usó como sustento de una presa y cuanto esta rompió, acabó en medio del lecho fluvial y en una zona sin visibilidad. De hecho, el restaurador indica que “agora está nun proceso de secado” que será “moi lento e controlado” –tras cientos de años en el agua– para evitar problemas de fracturas. Además de la lógica colonización de algas, indica que uno de los ángeles tiene una “herida moi fea”.


De vuelta a Cambados, ya tiene el proyecto de restauración de un cruceiro de Castrelo destrozado por varios accidentes y, sospecha, que ya sufrió anteriores porque la cruz y el capitel, que están rotos, son de cemento, así que “seguramente se fixo una abstracción e hoxe non sabemos como eran orixinalmente”. Con todo, ahora se reconstruirá en piedra porque ese material contiene sales que podrían resultar “prexudiciais” para el resto del conjunto.


Cristo de Santa Mariña

Sin olvidar que en su taller sigue el Cristo original de las ruinas de Santa Mariña, retirado hace cinco años por riesgo de desprendimiento pues la madera se encuentra en muy mal estado. Ni Concello ni Iglesia se ponen de acuerdo en quién debe pagar su recuperación. Es propiedad eclesiástica, pero podría acabar en manos del Ayuntamiento porque hay una negociación abierta para trasladarle la titularidad del cementerio y sus bienes, así que, ahí sigue. “Polo menos así o seu deterioro é menos acelerado, aínda que o tempo pasa e ben, non se vai poñer só”, advierte Aguiño sin acritud. 

La Virxe da Pastora de Cambados recupera su mirada

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