El adiós del futbolista modélico

Sergio Álvarez debutó en Tercera con el Arosa con 16 años y se retira con 34 en el Celta tras jugar más de 130 partidos en Primera | da
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El fútbol arousano recibió en las últimas horas una noticia triste aunque no inesperada. Sergio Álvarez, O Gato de Catoira, se retira a los 34 años por culpa de una lesión de rodilla. Él mismo lo anunció el jueves en un bonito homenaje que le organizó el RC Celta en Balaídos, rodeado de los suyos. Un grande cuelga los guantes. Como deportista y como persona, algo en lo que coinciden de forma unánime los que tuvieron la suerte de tratarlo. “Si todo el mundo dice lo mismo es por algo”, comenta el vilagarciano Dani Abalo, amigo y excompañero del catoirense.


No hay mejor legado ni reconocimiento. Sergio es un ejemplo para todos, dentro y fuera del campo. Pero esta retirada forzosa llega demasiado pronto. La rotura de los dos meniscos hace un año unida a lesiones anteriores del ligamento cruzado le causaron un proceso degenerativo en la articulación que obliga al catoirense a decir basta. Si quiere volver a hacer vida normal tiene que dejar el fútbol. No hay más opciones tras consultar a varios expertos.


Una decisión difícil y dolorosa para alguien que se labró su carrera sudando cada gota. Y al que todos imaginaban, por su ética de trabajo, jugando hasta los cuarenta. ¿Por qué no? Y retirándose en el Arosa, donde empezó todo, como él siempre solía imaginar. “Nadie se merece algo así y menos él, que vive por y para el fútbol”, comenta Dani Abalo. “Es de las mejores personas que conocí en el fútbol, un amigo, para mí ya es parte de mi familia”.


Sergio Álvarez personifica la humildad y una serie de valores inculcados desde niño que nunca ha olvidado. Con solo 16 años y aún siendo juvenil B debutó en Tercera División con el Arosa. Moncho Díaz le dio la oportunidad en diciembre del año 2002. Todavía estaba haciéndose como futbolista, pero ya tenía el respeto y la admiración de compañeros y entrenadores. Ya era un deportista modélico. No tardó demasiado tiempo el Celta en echarle la red. No imaginaban en Vigo entonces que se llevaban a un jugador que se iba a convertir en una leyenda del club.


Nunca lo tuvo fácil. Muchos años en el filial, incluso una cesión al Racing de Ferrol, invitaban a pensar que las puertas del primer equipo no se le abrirían ya. Pero Sergio siempre fue tenaz y mentalmente fortísimo. Tirar la toalla nunca fue una opción. Persistió y a punto de cumplir los 25 años debutó en el fútbol profesional. Fue en un partido de Segunda División, ante el Cartagena en Balaídos en junio de 2011 con Paco Herrera de entrenador. Se hacía justicia con una oportunidad más que merecida. Y eso se palpó en el ambiente. Ese día la alegría de la gente no solo se explicaba por la victoria del equipo. A partir de entonces se le abrieron las puertas a las que tanto tiempo llevaba llamando.


Ascendió a Primera División y nunca cesó en su empeño de ser titular sin dejar de ayudar a sus compañeros. Diez años después de defender la camiseta del primer equipo del Arosa, Sergio cumplió un sueño. En octubre de 2012 debutó en Primera con gran actuación y victoria ante el Sevilla. Con 28 años se convirtió en el portero titular del Celta. Centenario en LaLiga (132 partidos), para el recuerdo deja actuaciones memorables, como un penalti parado que supuso el triunfo ante el Deportivo, o intervenciones decisivas ante el Barça de Messi para ganar en el Nou Camp. Y por encima de todo su actuación en la Europa League 2017, cuando el Celta acarició la final en Old Trafford.


Sergio es una leyenda del deporte arousano. “No estuvo valorado como se merecía”, sostiene su amigo Abalo. “No por el club, que sí lo valoró, pero no tanto la gente. Siempre se decía que tenían que firmar a un portero, pero tanto Sergio como Rubén rindieron siempre. En el Celta se hacen bien las cosas, apuestan por la gente de la casa y rinden, como el caso de Sergio que dio un gran resultado”.


El Celta supo estar a la altura cuando lo renovó el pasado año tras lesionarse y todo hace indicar que Sergio seguirá ligado al club en alguno de sus departamentos. El catoirense está cursando el nivel III de entrenador. En este sentido Dani Abalo, que lo conoce a la perfección, tiene claro cual debería ser su sitio. “Es importantísimo tenerlo en un vestuario. Aparte de saber lo que tenía que hacer cuando no jugaba, que era seguir entrenando y machacándose, también supo ayudar a otros compañeros que estaban en la misma situación. Creo que Sergio será un gran entrenador y en estos momentos necesita estar en el vestuario cerca de los jugadores, para ayudarle a superar esta lesión tan fastidiada. No encuentro a nadie mejor para aconsejar, tiene una fuerza mental increíble para superar dificultades y se ganó a pulso cada minuto que jugó. Era el primero en llegar a entrenar y el último en marcharse”. Aunque ya no pueda ayudar en el campo, o Gato de Catoira aún tiene mucho que aportar. Es un ejemplo en todo.

El adiós del futbolista modélico