El mundo se mueve, pero sin nosotros

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El mundo ha comenzado a moverse a gran velocidad, como desperezándose del mortífero letargo de la pandemia, De pronto, el G-7 inicia un proceso de grandes mudanzas, Biden se encuentra con un Putin al que llamó, no hace mucho, ‘asesino’, y Europa, aunque con un goteo lento, inaugura el proceso de transferencia de fondos de recuperación de la economía de sus socios.

Son todas buenas noticias potencialmente para España, si es que sabemos aprovechar la distensión propiciada por ese Biden al que por estos pagos, que no han superado todavía el ‘bienvenido mister Marshall’, seguimos viendo como ese señor que apenas se prestó a caminar 26 pasos junto a Pedro Sánchez por un pasillo.

Inequívocamente se tiene la sensación de que este giro planetario nos pilla como desprevenidos, pendientes de si el president de la Generalitat cena o no -que no_con el Rey, o si el Junqueras indultado participará o no en una mesa de negociación entre el Gobierno central y el Govern independentista -que yo creo que sí--.

No es lo peor que España esté ausente del G-7, el grupo de los siete países más influyentes de la Tierra, o que no se nos invite a algunas reuniones multilaterales importantes; lo peor es que tampoco se nos espera. Y que debemos darnos por satisfechos con una rápida visita a Madrid de la señora von der Leyen para comunicarnos lo que ya sabíamos: que habrá fondos, pero ya veremos en qué y con cuáles condiciones. Y cómo se reparten.

Andamos cojitrancos en cuestiones diplomáticas y en lo referente a nuestra imagen exterior. Y es que la proliferación de líos internos en esta a veces demencial política nuestra nos debilita a los ojos de fuera: véase, si no, el desarrollo de una sesión más de control este miércoles en el Congreso de los Diputados, donde casi lo más suave que se le dijo al presidente del Gobierno fue que ojala cese pronto y lo haga compareciendo ante la Justicia. Si eso es una política mesurada y constructiva, venga Dios y lo vea.

Hay muchas cancillerías observando el torpe discurrir de una política bronca, de tomar las calles más que de utilizar las instituciones para la protesta, de falta de agilidad en el arquitrabe de esta democracia, que es el Parlamento. ¿Cómo puede justificarse, por ejemplo, que al parecer la intención de don Pedro Sánchez sea comparecer ante la Cámara Baja para explicar los indultos a los condenados del ‘procés’... varios días después de haber aprobado en el Ejecutivo estos indultos? Me parece un claro desprecio al poder Legislativo, a sumar a los muchos que ya se le han hecho al poder Judicial.


Pues eso: que mucho decir que los indultos hundirán el país, mucho reírse de los (por otro lado ridículos) paseítos de Sánchez con Biden, pero nada de insistir en cómo han de repartirse los fondos europeos, que son la madre del cordero y que, a mi entender, simplemente no pueden depender de La Moncloa en exclusiva. Nadie pregunta al Gobierno por las cosas verdaderamente importantes y lo que es aún más significativo, seguro que el Gobierno nada importante respondería a estas preguntas sobre lo importante, valga la redundancia. Lo dicho: el mundo se mueve a toda marcha y nosotros también, pero a veces da la sensación de que lo hacemos marcha atrás.

El mundo se mueve, pero sin nosotros