Vilagarcía despide con tristeza a Teresa Cuiña, la mano que sembró feminismo

Teresa Cuiña durante el homenaje que recibió de la mano del Consello da Muller | gonzalo salgado
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Cuando la sororidad era una gran desconocida, Teresa Cuiña la practicaba con esmero, desde primera hora del día. No le llamaba así, ni falta que hacía. Cuiña fue esa compañera que siempre quieres tener al lado, sobre todo en momentos complicados. Fue la mano que cuidó el feminismo con ritmo pausado y una gran dosis de empatía. Por ello, su marcha deja un hondo pesar en Vilagarcía, entre aquellos que la conocieron y en las instituciones con las que colaboró para tejer una red de libertad para las mujeres. Lo hizo primero desde la Delegación del Medio Rural, de la que fue responsable, y después fuera del ámbito laboral como impulsora de decenas de asociaciones de mujeres por toda Vilagarcía.

Con especial atención al mundo rural, Cuiña fue la responsable de que muchas mujeres descubriesen una lección muy importante: Que irse a tomar un café solas no era nada malo.

Así lo contaron las propias beneficiarias de esta acción tan necesaria el día en que Teresa Cuiña recibió su merecido homenaje en el Concello, donde tanto colaboró con nombres como la exconcejala Ramona Castaño o Julia Barbosa, técnica de Muller y responsable del CIM.


Un mensaje a la unidad


Porque el compañerismo fue siempre su método y en este mensaje seguía militando hace apenas dos años. “Seguir empujando en la misma dirección” y hacerlo “unidas” para luchar contra la “invisibilidad de la que partimos, en un camino que se avecina largo” fue el legado que dejó una mujer que inculcó la defensa de un mundo mejor siempre que tuvo ocasión. Por eso, no es de extrañar que su hija, Mar Medeiros, siguiese el rumbo marcado en la lucha por la igualdad de oportunidades. “Darse a todo y a todos”, recoge la esquela de Teresa Cuiña Vence, que emprendió un viaje incierto hace unos días, dejando un triste vacío entre todas las que la quisieron, que además no fueron pocas.

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