Pactar en democracia es normal y cívico

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Tenemos que acostumbrarnos a los conflictos que forzosamente se dan en democracia para poder hacer justicia y transparencia en la vida pública que lleva implícita política a la que todos tenemos derecho para mejorar la cosa pública, y sobre todo los gobiernos de coalición que es inevitable que tendrán sus diferencias como lo tenemos ahora por primera vez en la historia reciente de nuestra democracia PSOE- Podemos que la derecha cree que son okupas como si no fueran elegidos con los votos como ellos. Sabido es que en España no hay cultura del pacto como en los demás países.

Pero si hacemos memoria nos encontramos que los anteriores gobiernos ( PSOE- PP que gobernaron España han pactado con otros partidos cuando no tuvieron mayorías, sobre todo con los nacionalistas vascos y catalanes. Eso sí; con furibundos ataques del PP cuando estos estaban en la oposición contra el PSOE, como este se los hacía al PP; pero con menos virulencia. Recordemos como Aznar puso el grito en el cielo cuando González pactó con Puyol transferir al gobierno de la Generalitat la gestión del 15% del IRPF y luego cuando Aznar ganó las elecciones sin mayoría pactó con los catalanes la cesión del 30%. Además Aznar no se cansó de decirle a Puyol, “ enano, habla castellano”, para después declarar que él en la intimidad hablaba catalán.

Los gobernantes debieran de esmerarse en no mentirnos para ganar votos cuando hay otras formas de votos y credibilidad con buena gestión, honestidad y no despachar frases de las que luego debieran arrepentirse.

Pero no hay que olvidar que durante el turismo de los fallos del bipartidismo de corrupción y falta de transparencia fue la causa de que el electorado votara a otras alternativas siendo necesario pactar con ellos. Hay que compartir poder y eso tiene no debiera de tener nada malo, siempre que los políticos tomen en serio su deber para avanzar en políticas de justicia social.

El sistema lo acreditan, o lo desacreditan los políticos, pero no son los únicos que hacen política, también hay miembros de órganos judiciales que la hacen dictando sentencias que rezuman más política en vez de reparar el daño causado, como ocurrió hace poco en el Constitucional que fallo en contra de las medidas tomadas contra la pandemia. Y para más inri ahora sale el Supremo con una sentencia estrambótica por una supuesta agresión a un agente de orden público hace 7 años inhabilitado un diputado, que según veteranos magistrados de prestigio y letrados del Congreso informan que la sentencia no se adapta a las leyes vigentes. Ahora cuando el diputado Alberto Rodríguez recurra a la justicia de la UE y le dé la razón, como ocurrió con otras sentencias de nuestros tribunales volverá a quedar desacreditados nuestros superiores tribunales, aunque haya magistrados con votos particulares que demuestra que no todos son iguales.

Las sentencias hay que acatarlas, pero no estamos en la edad media para no criticarlas si nos parezcan injustas. Afortunadamente sabemos leer y discernir las justas y las injustas aunque no sean contra uno.


Pactar en democracia es normal y cívico