Esto huele a una larga precampaña

os fines de semana se pueblan de actos de partidos: entre congresos regionales, convenciones y apariciones estelares, los medios no dan abasto para cubrir tanto acontecimiento con la extensión y profundidad que los propios partidos quisieran. Ojo, que no digo yo que considere mínimamente probable un adelanto de esas elecciones que desde Moncloa siguen fijándose en finales de 2023: solo digo, ateniéndome a lo que veo, que esto huele que apesta, con perdón, a una larga, muy larrrga, campaña preelectoral, que sobrevuela los muchos problemas de fondo que España tiene planteados.

Tome usted, por ejemplo, lo de este sábado en Valencia, una especie de ensayo de ese ‘frente femenino’ de la izquierda a la izquierda que aseguran que la vicepresidenta Yolanda Díaz quiere montar y que parece que, por fin, parece estar preocupando a Sánchez. Y a los/las de Podemos, claro: que ni Belarra ni Montero, las ‘ministras fantasma’, estuvieron siquiera invitadas a la ‘cumbre yolandesca’ con Colau, Mónica Oltra, Mónica García, etc. Es esta una operación política que parece muy cuidadosamente milimetrada, aunque aún nadie pueda predecir si acabará saliendo a flote.

Bueno, pero Sánchez tampoco está quieto precisamente: el viernes se fotografiaba con Macron en París --no le habrá gustado mucho eso a la candidata socialista Anne Hidalgo, pese a que Sánchez acudió a apoyarla en un acto en la capital francesa--; este sábado aparecía radiante en el congreso regional del PSOE de Madrid que daba el espaldarazo a Juan Lobato, la nueva ‘estrella ascendente’ del PSOE; y este domingo, el presidente viajaba a la Comunidad Valenciana, concretamente a Benidorm, a clausurar el congreso regional del PSPV, con Ximo Puig como gran ‘paterfamilias’ y uno de los ‘barones’ más fuertes e influyentes desde esa Comunidad Valenciana, ya se ve, tan cuidada por todos los partidos. Y atención, que llega, cuando llegue, la ‘madre de todas las batallas’, la de Andalucía.

No, no se puede decir que Sánchez esté precisamente inactivo. Lo que ocurre es que él va triunfante de plaza en plaza y, en cambio, en el Partido Popular cada estación es un viacrucis, donde todos tratan de interrogar a Casado y a Isabel Díaz Ayuso --como ocurrió este sábado en Puertollano-- acerca de sus presuntas ‘malas’ relaciones, que por cierto parece que no son tales. Incomprensible lo que ocurre en el interior del principal partido de la oposición, enzarzado en querellas intestinas que nadie acierta a entender cabalmente y que sospecho que a casi nadie, excepto a los belicosos empeñados en la ‘melee’, interesan.

Pero estábamos en la precampaña. Da la impresión de que todos, de Podemos --que trata de sacar la cabeza por donde puede, por ejemplo provocando fricciones puntuales en el Ejecutivo-- hasta Vox --que mira con mucha atención lo que ocurre en un Portugal, y sobre todo en una Francia, abocados a casi inmediatas elecciones--, se ajustan ya los cinturones para iniciar la gran carrera. Que veremos si llega hasta la meta de 2023 o si, ya digo que de momento es poco probable, tiene una parada sorpresa. El país bulle por muy diversas razones, con hondos problemas de muy diversa índole. Pero los líderes políticos, nuestros representantes, se enzarzan en juegos de poder, alguno tan lamentable como la renovación del pasado jueves en el Parlamento de cuatro miembros del Tribunal Constitucional, y se lanzan a lo que más les gusta: el mitin poblado de aplausos.

Y los demás, absortos por el muy vano espectáculo. No tenemos remedio.

Esto huele a una larga precampaña

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