El covid tiene cómplices

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Y sin ellos no podría extenderse para generar una sexta ola. Así, todos vivimos acompañados por un miedo que se cronifica y que anestesia nuestra recuperación económica poniendo en peligro de nuevo millones de puestos de trabajo y miles de empresas y de autónomos que, difícilmente, podrían aguantar un nuevo revés en forma de restricciones o confinamientos. No sabemos cómo ha aparecido en nuestras vidas el dichoso bicho, pero sí conocemos como podemos orillarlo para tener una convivencia pacífica.


El virus sin sus cómplices no tendría esta sombra alargada y las ucis no sufrirían la presión que ya padecieron. Por eso es imprescindible desenmascararlos y tomar medidas para preceder a un cordón sanitario contra ellos por que esto sí es algo personal, ellos no tienen derecho a pasarse las medidas por el arco de triunfo porque no tienen derecho a contagiarnos y, por lo tanto, nosotros tenemos derecho, sin duda, a aislarlos para que su juego temerario les afecte solo a ellos y no nos pongan en peligro a todos los demás. Dicen que hay cuatro millones de personas que no se vacunan porque no les da la gana, este es el primer grupo de cómplices del virus.

Sabemos que hay, desde hace muchos años, enfermedades que son de declaración obligatoria y nadie ha protestado por ello, es más, se aplaude esta medida porque se entiende que cualquier brote de una enfermedad contagiosa puede poner en peligro la salud pública y su detección precoz puede evitar desgracias mayores. Pues en esta línea, los que deciden no vacunarse debieran de ser obligados a registrarse en los centros sanitarios que les corresponda. Otros cómplices son las personas que participan en botellones y aglomeraciones callejeras sin respetar ni distancias ni mascarillas, viven como si el bicho no fuera con ellos y, a lo peor, no va contra ellos, solo los utiliza para transportarse hasta sus abuelos, padres o amigos a los que puede matar en el peor de los casos.


Dicen los leguleyos que hay medidas que no se pueden tomar con la actual legislación en la mano, en tal caso, no se entiende a qué esperan los legisladores para redactar una ley de pandemias como ya pidieron algunos grupos políticos en el congreso y que fue rechazada por el presidente Sánchez.


Lo que parece inadmisible es que permanezcamos impasibles ante aquellos que nos ponen en peligro y que, además de su insolidaridad, nos demuestran que nuestras vidas les importan un pito. Después nos alarmamos cuando vemos las cifras de muertos, de contagios o de saturación hospitalaria. Pero qué sentido tiene que tengamos que someternos al peligro de contagio porque en la mesa de al lado de un café o de un restaurante se nos siente un iluminado o iluminada que no le sale de las narices vacunarse, ¿acaso tiene derecho esta persona a ponernos en peligro a nosotros mientras nosotros no tenemos derecho a protegernos de ella?


No parece razonable y por lo tanto debemos exigir a los legisladores que hagan su trabajo para protegernos y, si no lo hacen, serán de alguna manera cómplices también del virus. Entonar la palabra libertad para justificar el derecho de algunos a contagiarnos, es arrastrar el significado de tan grande palabra por el fango, eso no es libertad, es solo insolidaridad tóxica, las vacunas han demostrado efectos positivos en la lucha contra el enemigo común y permitir la libre circulación de “contagiadores” potenciales voluntarios es papanatismo social. Si quieren, llámenle violencia.

El covid tiene cómplices