Martes 11.12.2018

“Hasta hace cuatro años era un “cabeza negra” (inmigrante) en Suecia. Yo me siento cambadés”

Luis Matías Karl Padín Varela nació hace 32 años fruto del amor de una cambadesa de San Tomé y un hijo de agricultores residentes en Fefiñáns, con inquietudes marxistas, que buscó fortuna en Suecia. 

matías padín varela ante el ayuntamiento de cambados, localidad a la que viajó durante unos días antes de la gala de los premios guldbaggen	gonzalo salgado
matías padín varela ante el ayuntamiento de cambados, localidad a la que viajó durante unos días antes de la gala de los premios guldbaggen gonzalo salgado

Luis Matías Karl Padín Varela nació hace 32 años fruto del amor de una cambadesa de San Tomé y un hijo de agricultores residentes en Fefiñáns, con inquietudes marxistas, que buscó fortuna en Suecia. Nació en un barrio marginal de Estocolmo pero nunca abandonó la costumbre familiar de visitar el pueblo de sus padres –que siente como suyo– y en cuanto el trabajo se lo permite, se escapa para ver a su pandilla y a su abuela. Aquí aún le protege cierto anonimato pero en Escandinavia es un actor consagrado que mañana recorrerá la alfombra roja de la gala de premios del Instituto Sueco del Cine para saber si logra el “Guldbaggen” al mejor actor, por su papel como Jorge Salinas en la segunda parte de la trilogía “Snabba Cash”. Pero nunca tuvo tanto éxito y ha llegado a ser hasta constructor para sobrevivir, aunque cualquier diría que no nació capital del albariño. En su hablar subyace el acento gallego y entre frase y frase se le escapa algún “carallo”, además de saber perfectamente lo que es un “raño”. Con un aire de “enfant terrible,” como el de “Rimbaud” pero sin la melancolía del siglo XIX; y mascando tabaco rubio, como un auténtico vaquero del lejano oeste; ha concedido a Diario de Arousa su primera entrevista a un medio español, aprovechando que descansa unos días en la villa.

¿Nunca ha pensado en escoger un nombre artístico “más sueco”?

Ya lo cambié. Adelanté el apellido materno, Varela, porque los americanos me dijeron que Padín era demasiado largo y se parecía a Palin. Lo hice porque tengo que pensar en mi “business” pero yo me considero cambadés y de Estocolmo. Allí (Suecia) no tengo familia y hasta hace cuatro años era un “cabeza negra” (como denominan a los inmigrantes). Ahora que tengo éxito he hecho mi primer papel como sueco y me proponen otros. De hecho, me plantearon nacionalizarme pero lo rechacé porque el día en que haga algo que no guste... Volveré a ser extranjero. La sociedad sueca no me ayudó mucho y como no tengo miedo de perder esta carrera... Si hay que venir a Cambados y montar un bar o trabajar con un raño, se hace. Me siento orgulloso de haber llegado aquí teniendo una madre ama de casa que ahora es profesora y un padre economista que ahora es camarero. Y cada vez que puedo le mando una indirecta a los del gremio. De hecho, hay actores suecos a los que no les caigo muy bien pero tengo más nivel y si no quieren leer mis entrevistas, no pasa nada. Aunque no concedo muchas.

¿Su vida habría sido distinta si hubiera nacido aquí?

Seguro. No habría sido actor. Tuve mucha suerte, muy pocas personas trabajan en lo que le gusta y el mundo del cine es muy cerrado. La gran mayoría llega por algún tipo de conexión familiar. Es difícil imaginar a qué me habría dedicado pero no habría sido nada bonito. La Universidad no es para mí. A los 16 ya no rascaba bola en el colegio. Es un milagro que sepa hablar castellano (también hablo gallego).

¿Entonces lo de ser actor fue una revelación: Tengo que cambiar?

Siempre me gustó el cine pero todo empezó cuando conocí a mi amigo Gustaf Skarsgård, en una selva de escuela (éramos 6.000 alumnos y había hasta policía), sin saber que su padre, Stellan John Skarsgård, era el actor más conocido de Suecia. Fue el quién me dijo, cuando tenía 15 años, que podría ser un buen actor. Hice las pruebas con Gustaf para la escuela especial que te prepara para luego estudiar arte dramático en la Universidad y entré. Pero no me lo tomaba muy en serio –iba a clase porque las chicas eran guapas– pero de repente me vi leyendo guiones por las noches, a escribirlos... Nunca planifiqué ser artista.

Pero su carrera no vino rodada. ¿Me cuenta algo de su huida a Asia?

Me echaron de Canal 4 de un culebrón de estos malos, parecido a “Salir de clase” . Era mi primer papel y tenía un contrato de tres años pero después de uno y medio me dijeron: eres buen actor pero eres imposible y ahí se acabó mi carrera. Me pasé de golfo, llegaba tarde, no me aprendía el guion... Se corrió la voz y no me volvieron a llamar para un trabajo, así que me fui al suroeste de Asia y estuve fuera siete meses. Volví, lo intenté y nadie quería hacer nada conmigo. Todo ello tras paradas en Cambados. Fue lo mejor que me podía haber pasado porque dar realismo a un personaje ficticio es lo más importante en mi oficio y para eso hay que tener un poco de experiencia de vida. Estuve siete u ocho años haciendo cosas que no me gustaban para sobrevivir.

Diga la verdad, no solo viene por la gente también para aprovisionarse de albariño.

Claro y de sus berberechos, centollos. La “comidiña” que hay por aquí ¡Mi madriña!

Y hoy candidato al “Guldbaggen” como mejor actor.

Porque luego hice un “come back” impresionante. En 2008, estaba en Cambados en el barco de un amigo y me recomendaron desde Suecia que leyera el libro “Snabba Cash”. Vi en él un peliculón y a mí como Jorge Salinas. Llevaba seis años sin papeles serios y llamé a la productora, pidiendo una nueva oportunidad y tras la prueba, me lo dieron. Fue un éxito mundial, la han visto 22 millones de personas. Me cambió la vida de un día a otro. Tuvo mucho tirón en Estados Unidos y se metió Martin Scorsese en la producción para la segunda y tercera parte. Empezó a llamarme todo el mundo, salió trabajo por todos los lados y de un año a otro, más películas y series, como Los Borgia.

Sobra preguntar si está nervioso, ¿no?

Estoy nervioso porque y ¿y si no te lo dan, qué? Fuiste el tío al que no se lo dieron pero bueno, es un reconocimiento de que estoy haciendo algo bueno. Siempre me porto muy bien con la gente y la generación nueva del cine sueco me llaman por ello. Saben que soy trabajador que tu fin no es ir con modelos, ni a las discotecas más guays.

Y compite con dos actores consagrados. ¿Eso impone?

Un poco. Es gente que llevo viendo en películas toda mi vida... La verdad. ¡Tuve mucha suerte, no es tanto trabajo duro! Con uno ya trabajé en una miniserie policíaca tras la primera “Snabba”. Le respeto.

¿Y trabajar con Jeremy Irons en “Los Borgia”?

Fue raro conocerle. Tiene un Oscar, es un nivel impresionante. Es simpático. Normalmente la gente que tiene estrellas en Hollywood es bastante maja pero los chavalitos de 20 años, los Justin Beaber, son un poco prepotentes. Cuando cumples los 30 te das cuenta de que el mundo no es tuyo, formas parte de él y con un poco de suerte tendrás éxito y si no, no pasa nada.

¿Sabe que va camino de convertirse en un perfecto candidato a ser Cabaleiro?

Me lo han dicho de broma y te ríes porque yo el Albariño lo he disfrutado muchas veces y las fiestas... No tienen mucho de caballero pero el tiempo pasa.

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