Rafael Torres

Lo que dice la calle

Ahora bien; si se refiere concretamente al madrileño Paseo de la Castellana de los 12 de octubre, donde se ha instituido la macarra costumbre de injuriar con voces destempladas al presidente del Gobierno de la Nación, ora llamándole okupa, ora cabrito huérfano, mientras se ofrenda la corona de laurel a los españoles que perdieron la vida en acto de servicio, o mientras el paracaidista se juega el pellejo descendiendo desde 1.500 metros de altura con ese pedazo de bandera enganchada a un pie, entonces el señor Casado confunde lo que se dice en la calle del señor Sánchez con lo que se dice en esa en particular, donde, como queda dicho, sectores muy concretos y muy rústicos acuden a discrepar de muy malos modos con lo que han dicho las urnas.En la calle se dice de todo, y en las tabernas, y en los grupos de whatsapp, pero en el Congreso de los Diputados y en los espacios de la política en general, deberían decirse no sé si otras cosas, pero sí con mayor decoro.

¿Y ahora qué?

El volcán de La Palma, que, por cierto, aún no tiene nombre, escupía piedras candentes y nubes de gas, sus cenizas enlutaban la isla entera, devoraba una tras otra, hasta 600 o 700, las casas y las fincas, arrasaba los cultivos, despojaba a cientos de familias de su lugar en el mundo, incendiaba arboledas, engullía los caminos y enterraba bajo su colada los colegios, las iglesias y los ambulatorios, pero se cifraba en el albur de que la lava llegara al mar una suerte de rara esperanza.

El viajero infeliz

Hay quienes sostienen que el prófugo de la justicia Puigdemont se vino arriba al ver que podía pasearse por Europa como Pedro por su casa, y que, por ello, tomó un avión a Cerdeña convencido de que le sería franco el tránsito, pero también hay quienes aventuran la idea de que el que detentó la presidencia de la Comunidad de Cataluña sin sujeción alguna a la naturaleza y deberes del cargo, no pudiendo soportar la irrelevancia personal y política a la que le han conducido sus malos pasos, decidió dejarse prender durante un rato con el propósito de llamar la atención y de volver a hacer lo que mejor se le da, fastidiar al prójimo, en éste caso, concretamente, 47 millones de prójimos, si bien, en particular, a cuantos de esos 47 millones creen que las personas se entienden, o lo intentan, hablando, y no estimulando el cainismo.La política española no es hoy la que dejó Puigdemont al fugarse, dejando colgados a sus pares y a sus seguidores, sino otra en la que no caben comediantes de su estilo, o como el de Pablo Iglesias, que, cuando menos, supo calibrar cuál era el momento de esfumarse.

Nucleares y fruterías

Los primeros, los que tienen que ver con la rebaja o supresión de los impuestos estatales que gravan el recibo, les parecen de perlas, sin que el hecho de que ello suponga un fuerte menoscabo de los recursos públicos aminore su entusiasmo, pero los otros detalles, los relativos a una pequeña merma en sus astronómicos beneficios a fin de contribuir solidariamente a la bajada del precio de la luz, esos les han llevado a la desesperación.Así están las cosas, en ese desigual forcejeo entre el interés general y los intereses corporativos, en tanto el precio de la luz sigue disparándose y, con él, la inflación, esa cosa que consiste en que los precios de todo se inflan mientras los salarios, flacos de suyo, se van desinflando.

Una española, presidenta de Francia

Fraternidad, el ambiente de tolerancia, integración y solidaridad que por nada del mundo quiere que se siga perdiendo.A restaurar lo que de verdad hizo grande a Francia, la democracia y la riqueza que ésta vierte sobre quienes la disfrutan y la cuidan, riqueza en Educación, en Cultura, en Innovación, en Arte, en Ciencia, en derechos sociales, en trato justo y generoso del Estado a las personas, a restaurar esa democracia que la adoptó y le permitió ser quien es, llama Ana Hidalgo a los franceses, muchos de los cuales se están dejando arrastrar por la deriva de violencia, xenofobia, intolerancia y racismo que amenaza con despojarles de su característico perfume esencial y a dejarles oliendo a “parfum de Vichy”.Esta española y francesa, de San Fernando y de París, esta mujer, en suma, del mundo, a la que los periódicos franceses llamaban, cuando empezó a despuntar, “la bella andaluza”, sabe bien qué es bueno para Francia porque lo fué para ella, para sus padres y para cuantos perseguidos y fugitivos del hambre, del maltrato y de la tiranía encontraron en ella asilo y un sitio donde vivir con dignidad: Libertad, Igualdad, Fraternidad.

Paula y el embajador

Paula, por su parte, cumplía en Afganistán su primera misión de fuste, y pese a su juventud, o gracias a ella, no era la primera vez que se la jugaba: en un país infectado de agentes talibanes y extremadamente machista con y sin talibán, se mostraba en público y en los actos oficiales tal cual era, sin velo ni corto ni largo, ni negro ni estampado, que la velara.

Kabul, en capilla

Pese a que la barbarie franquista, como la talibán, acreditada por tantos crímenes y tanta represión, precedía a su victoria militar, muchos quisieron creer, hartos de guerra y sufrimiento, el mensaje clemente, y lo pagaron con la vida, con el trabajo esclavo o con años de prisión.Por un tácito e infame acuerdo con las grandes potencias, los talibanes han recuperado el poder una vez que tras veinte años de corrupción y pillaje de los gobiernos y los contratistas amparados por Estados Unidos, que no de democracia, no quedaba en la arcas del eternamente fallido estado ni para un poco de munición con que defender su capital, siquiera para cubrir la huída de cuantos, sin tener las manos manchadas de sangre, para los talibanes es como si las tuvieran: maestros, periodistas, intelectuales, mujeres, niñas...

La gota de leche

Pero lo llamativo, ya que el gusto de la gente por debatir sobre cualquier futesa es de lo más corriente, es que ninguna de las opiniones se detiene en el valor específico del cartel, esto es, su valor estético, simbólico o de eficacia publicitaria, y es llamativo porque es sobre lo único que merecería la pena opinar.

Lágrimas y millones

Dicha cantidad, que al parecer ha resultado insuficiente para comprar lo que se quería, es, sin embargo, solo una parte de los 555 y pico millones que el Barça pagó al jugador en ese espacio de tiempo, desgajados en un sinfín de diversas y extravagantes variables.

Fiestas ilegales

Legales o ilegales, en formato casero, discotequero o callejero de botellón, organizadas con supuesta sumisión a las normas de prevención sanitaria o por bandidos y hampones como esas donde el pinchadiscos recibe un balazo mortal o el camarero es secuestrado y torturado por sus empleadores, todas las fiestas están hoy de más, y están, por mucho que agosto invite, al margen de la ley, si es que ésta se fundamenta en la razón y el bien común.Parecen asombrar las noticias sobre los recurrentes botellones multitudinarios donde lo que se bebe es, más que el garrafón habitual a sorbos, la variante Delta a grandes tragos, así como esas otras concentraciones, más pijas, en sospechosas villas que ofertan barra libre de cocaína rosa.

Los amos del mundo

El que la tiene, el que se apalanca su fórmula, el dueño del secreto, se convierte en el amo del mundo, bien que un poco a pachas con las eléctricas, que también se han desmandado.

Poder regional

O varios hervores: el del sentido común, el de la madurez, el de la capacidad para asimilar la frustración, el de la conciencia cívica, pero el hervor que les falta más indispensable en el guiso de la vida, el que cuya falta causa más perplejidad, es el del instinto de conservación, que suele aflorar y activarse automáticamente en las criaturas de cualquier especie ante una amenaza cierta.

La imbecilidad

No sé si el pollo mallorquín que engaña a las chicas con las que se acuesta para copular con ellas sin preservativo, y que lo proclama en las redes partiéndose de risa, es un “influencer”, un “tiktoker” o un “youtuber”, pero sí que es, de entrada, un perfecto imbécil, circunstancia que ignoro si atenuará o no la calificación que de sus actos confesos haga la Fiscalía que, al parecer, ha sido interpelada para estudiar su caso.

Cuando lo bueno es malo

Así como la oposición de los Abascal, Casado y Arrimadas ha normalizado el insulto en el discurso político hasta implantarlo en sustitución de éste, el insultado principal, Sánchez, lo que parece haber normalizado es el vacile a la ciudadanía: terciar en el debate sobre la desmesurada ingesta de carne en España aportando la profunda reflexión de que un buen chuletón al punto es una cosa “imbatible”, o anunciar la remodelación de su gobierno sin admitir preguntas, así lo confirman sin prácticamente ningún género de duda.Se supone que un gobierno que mire por la salud de aquellos a los que sirve debe fomentar, mediante campañas divulgativas y propuestas serias, los hábitos más sanos posibles de alimentación, y digo “posibles” porque en ésta, como en casi todo en la vida, lo bueno resulta ser malo.

La patria y el talonario

El periodismo y la política nos ofrecen numerosos ejemplos de hombres cuya fortuna ha ido aumentando a medida que aumentaba su patriotismo y que, al final, cuando hablaban de la patria pensaban en el talonario, y cuando pensaban en el talonario, hablaban de la patria.Estas líneas no las escribió un descastado, sino un liberal en sentido clásico tirando a conservador, ni las ha escrito cualquiera de estos días en que tanto menudean los políticos y los periodistas a los que la patria no se les cae ni un instante de la boca, sino en 1920, a poco de concluida la Primera Guerra Mundial.

El desastre

Se queja Pedro Sánchez de tener una oposición furibunda, y, en efecto, no hace falta ser un sanchista-bolivariano-filoterrorista-enemigo de España y amigo de los que quieren romperla, que es lo que, según esa derecha, es cualquiera que no eche pestes del actual gobierno, hay que conceder que ésta su oposición de tres partidos distintos y un solo propósito verdadero, el de acabar no importa cómo con él, es furibunda en grado sumo, a más no poder.Ahora bien; los líderes furibundos, Casado, Abascal, Arrimadas, no desmienten su furibundismo, sino que lo justifican por la conciencia tan grande que dicen tener de los innumerables males que, por culpa del Gobierno, asolan la patria y la conducen, salvo milagro en forma de elecciones anticipadísimas cuyos resultados se parezcan a los sondeos que manejan, al desastre.

El encuentro

Y, si no, que se le pregunten a Biden, que todavía andará tratando de ordenar en su mente la heteróclita porción de cosas que en menos de un minuto le contó Pedro Sánchez cuando le cogió por banda en la reunión de la OTAN. Uno, que participó durante varias temporadas en el programa de televisión “59 segundos”, y que antes lo había hecho en la sección “Su minuto” del que conducía por las mañanas la entrañable Carolina Ferre, sabe que en ese breve espacio de tiempo se pueden decir muchas cosas, sobre todo si no te dejan, si no puedes, explayarte más rato.

Ayuso y el Rey

Pese a que la tenía a su lado, a resguardo de la foto indeseable, confinada en las aguas jurisdiccionales de la sede de Génova, está visto que Casado no puede hacer carrera ninguna de ella.La invitación de Ayuso al monarca para que incumpla sus deberes y se cisque en la Constitución que los establece, sintonizaba a la perfección con la performance que una Rosa Díez desatada, tan desatada como ignorada electoralmente, democráticamente, por los españoles, había montado en la plaza de Colón para mayor gloria de la ultraderecha capitalina y sonrojo del decoro político e intelectual.Es cierto que el tal Trapiello y el chico ese que salió arengando a las juventudes patrias para emprender no sé qué revolución pendiente, ayudaron a Díez en el empeño de convertir su acto en un añejo aquelarre nacionalista donde se repartían cédulas de buenos y malos españoles como en las movidas del “procés” se repartían las de buenos y malos catalanes, pero le faltó Ayuso en el estrado para que aquello fuera ya la repanocha.Es una pena que con la que está cayendo, la entronización de la heredera designada por Iglesias en Podemos, el duelo del PSOE andaluz ganado por Espadas, la inconsciencia colectiva e institucional al dar por vencida la pandemia otra vez antes de tiempo, el horror de las muchas mujeres asesinadas no bien decayó el estado de alarma, o la burda utilización que el feminismo más loco y androfóbico está haciendo del doble filicidio perpetrado por un canalla (“Justicia feminista”, reclama Irene Montero, anteponiendo groseramente el móvil del parricidio al irreversible daño a las víctimas, dos menores), es una pena que con todo lo que está pasando, digo, tenga uno, ni nadie, que ocuparse de la última de una Rosa Díez ya en los aledaños de Vox, si es que no es su centro.Cuando Isabel Díaz Ayuso vino a emplazar al rey a negarse a rubricar el decreto de los indultos que el Gobierno de España le pase a la firma, Casado procuró poner cara de Casado tras la mascarilla, pero le salió la de Errejón cuando lo de la cal viva.

La foto-trampa

La idea de dejar sola a Ayuso en Colón, en plan “la libertad guiando al pueblo” de derechas, entre el griterio enardecido de sus fans, el flamear de las banderas rojigualdas y las imprecaciones corales a Pedro Sánchez, debe producir escalofríos a un Casado que no las tiene todas, ni a todos, consigo.

Todo, menos el 15%

Teniendo en cuenta que lo que se necesita destinar a colegios, hospitales, pensiones u obras públicas se lo venían apalancando casi en su integridad las tecnológicas esas, cuyos dueños se han hecho mediante esa brutal exacción los tipos más ricos del mundo, algo se ha avanzado, ciertamente, con ese bocadito del 15%.Todo es de las tecnológicas (y de las farmacéuticas con esto de la pandemia), pero en adelante será todo menos el 15%.