Los psicólogos ven “creíble” y “compatible” con abusos sexuales el relato de los menores contra el cura cambadés

El acusado, el salesiano Segundo C.V. y sus abogados a su llegada a la Audiencia el pasado martes | gonzalo García/pool

Los psicólogos llamados ayer por la acusación en el juicio contra el salesiano cambadés Segundo C.V. ratificaron que el relato de los menores denunciantes es “creíble” y que presentan síntomas y secuelas “compatibles” y “coherentes” con el relato de abusos sexuales realizado. Fue durante la tercera sesión de la vista que enfrenta al cura y profesor de Vigo a delitos de abusos sexuales a menores de 16 años, aunque la Fiscalía suprimió ayer la consideración de continuado en un caso y retiró los cargos en otro, con lo cual pide penas de prisión por cinco jóvenes de los seis iniciales. El juicio se retomará el lunes en la Audiencia con los informes finales para dejarlo visto para sentencia.


Ni sugestión ni motivo espúreo

Los peritos psicólogos del Instituto de Medicina Legal de Galicia (Imelga) ratificaron su informe inicial y detallaron el mecanismo para establecer que su relato de los hechos es “creíble” y que “en absoluto” hallaron “una motivación espúrea, al contrario, había preocupación por la relación de confianza que mantenían” con el acusado. También descartaron una posible sugestión grupal planteada por la abogada del sacerdote: “No la hay en ningún menor”, sentenciaron.


Los profesionales testificaron por videoconferencia –no sin dificultades técnicas con el sonido– que los síntomas y secuelas presentados “son compatibles” con la versión ofrecida sobre presuntos tocamientos realizados por Segundo C.V. en diferentes momentos de 2019, entre ellos durante un campamento de verano en Cambados, donde cuatro de los denunciantes indicaron que les palpó los geniales. Además se ha presentado un informe de veracidad de varios niños y explicaron que al resto no se le hizo por protocolo, porque fueron sometidos a exploraciones previas, que pueden “contaminar”, y para evitar una “victimización secundaria”.


Aún más contundente fue una psicóloga que sigue el tratamiento actual de dos de los jóvenes y que tiene 13 años de experiencia en materia de abusos a menores. Afirmó que hay “coherencia” entre los síntomas de estrés postraumático que presentan sus pacientes y la “verbalización” de lo vivido y negó tajantemente que pudiera ser producto de una fabulación. Si bien reconoció que pueden ser compatibles con otros traumas o consumos, como deslizó la defensa –quien también destacó que buscaron ayuda “cuatro meses después de los hechos”– lo descartó llegando a decir que “no hay otra situación para una sintomatología tan fuerte” o explicando que hay mecanismos “muy claros” como la “evitación” y el rechazo a ver a otras víctimas o gente que le pudiera hacer revivir lo ocurrido.


“Temor” a su salida de prisión

También justificó que uno de los denunciantes acudiera al campamento a pesar de que haber sufrido presuntos tocamientos meses antes –en un peregrinaje y en el despacho del profesor– en que, cuando suceden los abusos, “es un impacto” y en “muchos casos hay un sentimiento de negación, de que no va a volver a ocurrir”. Y respecto al estado de sus pacientes, indicó que tienen “buena evolución” aunque uno de ellos expresó “temor” cuando se enteró de Segundo C.V. había quedado en libertad provisional.

Sobre los síntomas detectados en sus evaluaciones y por sus padres, estos profesionales llamados por la acusación concretaron pesadillas, efectos en el rendimiento académico, miedo, sentimiento de culpa y vergüenza de que “les llamaran mentirosos”, irritabilidad y arrebatos de furia, entre otros.


La defensa del sacerdote también presentó un informe psicológico. En él, se establece que el salesiano no tiene el perfil propio de un abusador. Las acusaciones señalaron que estaba incompleto, algo que reconoció el propio autor. También llamó a una docena de testigos con relatos favorables, entre monitores de los campamentos de Abertal, alumnos, curas, amigos y familiares y que conocen al acusado desde hace muchos años, llegando a compartir 30 campamentos, como destacó otro salesiano que se denominó amigo suyo. No obstante, solo dos jóvenes estuvieron en aqueñ campamento de 2019 y ninguno en las habitaciones donde se produjeron los presuntos hechos.


Estos relataron que era “habitual” que el cambadés pasara a dar las buenas noches y a preguntar por su día, preocupándose por si había algún joven que no estaba integrado, pero aunque era “cariñoso”, les daba una “palmada en la espalda” y tenía un trato como “de un amigo”, no había “nada incómodo ni extraño”.


“Era mi mayor apoyo”

La madre de dos estudiantes del colegio Salesiano de Vigo indicó que su hijo pequeño se quedaba muchas veces en su despacho a esperar la salida de clase de su hermano mayor y que “jamás” detectó una conversación inadecuada, que solo recibió “apoyo” del docente. También declaró un sobrino de Segundo C.V., relatando que él y su hermano pasaban mucho tiempo con él en verano porque los cuidaba mientras sus padres trabajaban e incluso dormían juntos en casa de su abuela sin que ocurriera nada extraño: “Era mi mayor apoyo”, aseguró. También testificó que su situación no ha generado rechazo en su entorno: “A raíz de esto, hay personas que vienen a casa para darnos su apoyo”.


Del mismo un profesor del colegio aseguró que tras conocer las denuncias hubo padres del centro que revisaron los teléfonos de sus hijos y vieron mensajes de “agradecer”, sobre “cómo Segundo C.V. les había ido asesorando”. Otros definieron su trato como “muy cordial” y “correcto”.


“Recuerdo despertarme un día y ver a unos chicos muy mal, llorando, y habían juntado las camas”

En la jornada de ayer también testificó un menor llamado por haber sido presuntamente testigo de algunos de los abusos denunciados. Los letrados se afanaron en saber si había estado en la habitación donde, según la denuncia, el acusado habría realizado tocamientos inapropiados a tres niños. Sin embargo, el testigo, que por aquel entonces tenía 14 años, no recordaba la cara ni los nombres de los ocupantes de su estancia, ni al monitor, y señaló que conocía a los denunciantes únicamente de vista porque todos iban a la asociación Abertal de tiempo libre, pero él era alumno de otro colegio. A la pregunta de si vio u oyó los hechos denunciados, respondió que únicamente recordaba que “un día despertar y que unos chicos estaban muy mal, llorando, y habían juntado las camas”. Esto casa con el relato de las presuntas víctimas sobre que, tras el primer ataque, decidieron unir las lateras para evitar que el profesor alcanzara una con su mano. Tampoco recuerda haber escuchado nada extraño porque “tengo el sueño muy pesado” y declaró que no le contaron el motivo de su pesar; se enteró después.


La defensa del sacerdote también insistió en las preguntas a los testigos en que las habitaciones estaban siempre en penumbra, con lo cual era difícil reconocer a alguien que entrara en una habitación.


En esta sesión también estuvieron presentes familiares directos del salesiano, como público, que ante algunos testimonios mostraban gestos de negación e indignación. 

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