Cuando las instituciones son utilizadas para hacer propaganda de partido contra el adversario, pierden toda la razón democrática. Los gobiernos deben dedicarse a gobernar y, cuando resuelvan un problema, darlo a conocer, pero sin perder tiempo ni emplear fondos públicos para propaganda partidaria, manipulando a la gente con mentiras, como está haciendo la Ayuso, entre otros. Contra el Gobernó de España y dando lecciones a los 17 dirigentes de otras comunidades autónomas.
Las ambiciones políticas de Ayuso son infinitas, pero no es tan ejemplar, ni tiene tantas virtudes como vende. Ser elegida por una parte de madrileños, sin respetar a los madrileños que votaron a otros, nos es ser democráticos. Ayuso se pasó de la raya utilizando su poder territorial apoyando a Milei para atacar a nuestros gobernantes y el sistema social de España y la UE que tanto sudor y lágrimas costó conseguir. Está contra Sánchez y su Gobierno, agitando y exacerbado los ánimos de la gente, y llevando la voz cantante del PP invadiendo espacios internos y externos que no son de su competencia. Eclipsó y liquidó a Casado, lo mismo está haciendo con Feijóo, marcándole la línea política a seguir, dando la impresión de que ella manda más que él. Esta señora se parece más a una artista del espectáculo que a la presidenta de una institución publica. Chikilicuatre fue elegido democráticamente para representar España en Eurovisión, pero España perdió. Tiene tan mala leche que invitó a Milei, utilizando la comunidad de Madrid a su antojo contra el Gobierno de España e imponiéndole la medalla internacional de la comunidad a Milei, sin mérito alguno conocido, devaluando un premio a personas con más valía reconocida. Los méritos de Milei y Ayuso son su egolatría demostrada, como le pasó a Trump y Bolsonaro, que no volvieron a ganar elecciones.
Milei le sirve a Ayuso para insultar a Sánchez y a Begoña Gómez, la mujer del presidente de España, como lo hiciera antes llamando hijo de fruta. Así, la Ayuso se está homologando con las ideas de Vox, por ser el anfitrión del partido ultra. Pero esta señora, como siempre, en la boda quiere ser la novia y en el entierro la muerta.
Los demócratas de verdad no aceptamos los excesos de Ayuso, por mucho que les votaran los madrileños a falta de educación cívica, absorbidos por las arengas emocionales de gente que les vota y los ricos que la sostienen para no pagar impuestos necesarios para cubrir las carencias de servicios sociales que recortó, aunque sus votantes no se dieran cuenta . Los odios de la política los pagamos todos.
Ayuso dice que está restableciendo las relaciones con Argentina con la excusa de que Milei fue elegido por los votos de los argentinos. No dice lo mismo cuando otros partidos son elegidos por votos, como el Gobierno de España, o Bildu. Los constitucionalistas criticamos al PP por no cumplir la Constitución al tener bloqueado y no renovar el Poder Judicia, con las mismas leyes de cuando gobernaron Aznar y Rajoy. Les valió entonces el artículo 568 de la Ley Orgánica del Poder Judicial, que obliga a renovarlo cada cinco años. Van once años. ¿Por qué bloquean ahora la renovación?, ¿será porque necesitan la mayoría absoluta que tienen en el Poder Judicial para pararle los goles que el PP tiene pendientes por corrupción?
Ahora están en contra de que este gobierno nombrará el Fiscal General, pero Aznar y Rajoy cuando gobernaron le valió para nombrar Fiscal el mismo artículo 29.1 del Estatuto Orgánico del Ministerio Fiscal. Tuvieron mayoría absoluta para cambiarlo y no lo hicieron. Ambos organismos son imprescindibles para la defensa de los derechos de la gente, la democracia y el Estado de Derecho. El PP, cuando su partido es la lista más votada, reclama el derecho a gobernar, pero no cuando es la de otros. Un partido que no acepte la legitimidad del adversario cuando es elegido no se puede llamar constitucionalista. Lo que está haciendo el PP es pura desobediencia civil, al no cumplir las leyes está dañando la separación de los tres poderes que conforman la democracia y el Estado de Derecho. Las leyes obligan a todos, y a sus dirigentes en especial. Cuando los políticos hacen justicia y los jueces hacen política, la democracia se convierte en una quimera.