martes 17.09.2019

Saqueo vikingo e incruento en Catoira

Miles de personas asistieron a un espectacular desembarco en las Torres de Oeste
Foto | EFE
Foto | EFE

Cada primer domingo de agosto los habitantes de Catoira escenifican con un singular espectáculo las invasiones vikingas sufridas hace mil años, batallas que siempre terminan bien y tras las cuales hay hasta una deliciosa comida y verbena.

Altos, rubios y fuertes, así es la imagen tradicional de estos hábiles navegantes y además magníficos artesanos, aunque en la animada contienda de ayer entre los lugareños y los bárbaros, en la que el vino reemplaza a la sangre, había humanos con morenos típicos de agosto portando cascos.

Y, cómo no, gritos salvajes del estilo “¡Úr-su-lá!, ¡Úr-su-lá!”, y unos remeros que en el popular desembarco han demostrado ser más habilidosos que otros de sus colegas.

En tierra, legiones de mujeres y hombres, armados con martillos de madera, espadas, cuchillos, así como hachas y grandes escudos. En la pugna, se han enzarzado unos con otros, todo ello con mucha comicidad, sudorosos, entre el fango y el agua sucia, y sin hacerse daño, por supuesto.

Ellos han lucido rudos y aguerridos; ellas, fieras y con trenzas.

Tras la lucha, y bien llevados, todos los que así lo han querido han podido disfrutar de una comida campestre de las de confraternidad, amenizada con el sonido de las típicas gaitas y con productos de la tierra, tales como pulpo, sardinas asadas, churrasco y empanadas.

“¡Ehhhh... que ese cuerno está vacío. Llenadlo de tinto!”, han vociferado algunos. No en vano, no se permite que estos peculiares recipientes luzcan vacíos durante demasiado tiempo; así, siempre hay quien presto los llena.

Miles de personas han asistido en esta jornada, y plegados a estas atractivas condiciones, a la escenificación del desembarco de las hordas vikingas en las Torres del Oeste de Catoira, convocatoria con la que cada año se recuerdan las incursiones de los normandos en la ansiada Galicia.

La cita rememora las invasiones de las huestes de Thor durante el siglo X, cuando los vikingos en efecto pretendieron introducirse en tierras gallegas a través de la ría de Arousa.

La historia de esta conmemoración festiva vinculada a la desembocadura del Ulla está íntimamente ligada a la importancia estratégica del complejo militar del Oeste.

No en vano, las Torres de tal nombre ubicadas en este municipio sirvieron de escudo defensivo a Galicia desde el comienzo de la Edad Media hasta el reinado de los Reyes Católicos. Y este ritual se celebró por vez primera en 1960, cuando el Ateneo do Ullán, formado por un grupo de intelectuales de la comarca, decidió conmemorar el desembarco del rey Ulfo.

Después, ya en 1965 la organización pasó a manos de los trabajadores de una empresa de cerámica ubicada en Catoira, hasta que en 1988 se logró la declaración de Interés Turístico Nacional.

Desde entonces es el propio Ayuntamiento organiza la exhibición, que logró el hermanamiento con la localidad danesa de Frederikssund. En el año 2002 arañó un escalón, al alcanzar la denominación de “Interés Turístico Internacional”.

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