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Nunca Máis toma Bruselas: “Ou salvamos o mar, ou só nos queda a maleta”

La comitiva que viajó a Bruselas recordó el movimiento del Nunca Máis con las banderas que simbolizó aquella reacción social | teijeiro

“Levantámonos pola mañá e ao abrir as fiestras había un cheiro que xa nos chegaba á alma”. Santiago Pérez, percebeiro de Muxía, recuerda bien lo que sintió aquel 16 de noviembre de hace veinte años. Su medio de vida llegaba teñido de “unha negra sombra”, tal y como definió al chapapote la mariscadora de Camariñas Ana Pasantes. Eran muchos los interrogantes para una sociedad que se encontraba sin mando ni respaldo por parte de la administración. “Puxemos un plástico no chan, botamos alí o chapapote, pero ninguén o ía buscar”, recuerda Pérez. “Eramos os propios veciños os que recollíamos esa peste, sen máis axuda que as nosas mans”, secunda Pasantes.


Fueron dos de los testimonios que se pudieron escuchar durante la jornada de ayer en Bruselas, donde el movimiento Nunca Máis volvió a tomar con fuerza el Parlamento Europeo, para demostrar que sus reivindicaciones siguen vigentes y que el movimiento que tanto se criminalizó está muy vivo. El BNG organizó en la cámara belga unas jornadas para recordar las características de un suceso que cambió las leyes. Por entonces, Camilo Nogueira era diputado nacionalista en Bruselas. “Ese mesmo día pedín que se abrira unha comisión de investigación”, recordaba ayer desde la cámara en la que consiguió, entre otras medidas y de la mano de Nunca Máis, revisar las condiciones de navegación y las rutas de los petroleros frente a las costas. “Conseguimos no Parlamento Europeo o que non se deu no español nin no galego”, recuerda Suso del Toro. Marie Toussaint, diputada del grupo de los Verdes, recuerda lo que todavía queda por hacer, como trabajar para que la legislación europea recoja el delito de ecocidio.


Una lucha social

Mientras el Prestige teñía de negro las costas y las alas de cientos de aves, tal y como recordó Adela Figueroa, de Adega, el Gobierno se afanaba, señala el periodista Xosé Manuel Pereiro, en demostrar que nada sucedía. “Mentras Fernández de Mesa dicía que o buque estaba a sete millas, os veciños chamaban á radio para dicir que o vían desde as fiestras”, recuerda el periodista, que decidió apagar el teléfono justo después de colar en pleno informativo de TVE una frase del ejército muy sintomática: “Venimos cuando nos llamaron”.


Sobre esto redundó Suso de Toro, que llegó a Muxía para hacer un reportaje para un periódico catalán sobre un “naufraxio máis”. Al llegar, se dio cuenta de que no era así. “Mollei a libreta en chapapote e comprendín que estabamos ante unha ameaza ecolóxica tremenda e a administración que debía protexernos estaba traicionándonos”, recuerda el escritor, sin poder evitar las lágrimas.


Precisamente de aquellas emociones surgió un Nunca Máis que colocó en el mapa a la Galicia “remota”. Un movimiento que hizo de la protesta una liturgia y que Xurxo Souto, caracola en boca, tan bien representa. Los compararon con la Kale Borroka, intentaron, sin éxito, llevarlos ante la justicia. Mientras, Guadi Galego prometía juntar cientos de gaiteiros y los reunía por miles. “Eu son do partido do mar”, aseguraba un patrón de la Costa da Morte inquirido por sus intenciones políticas. Veinte años después, el sector sigue sufriendo las consecuencias. “Dos 80.0000 kilos que recollíamos en 2002 pasamos aos 13.000 de 2020”, recuerda Pasantes. Sigue vigente aquella frase que inspiró a Burla Negra: “Ou salvamos o mar ou só nos queda a maleta”.

Nunca Máis toma Bruselas: “Ou salvamos o mar, ou só nos queda a maleta”

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