• Miércoles, 26 de Septiembre de 2018

El patito feo (y sucio)

Vilagarcía era hasta hace unos años un lugar hermoso y lucía como tal.

Vilagarcía era hasta hace unos años un lugar hermoso y lucía como tal. Las familias que nos descubrían por primera vez, por ejemplo en eventos deportivos, se marchaban gratamente sorprendidas y planeando la vuelta. Somos una pequeña ciudad en términos de población pero la primera en infinidad de baremos que nos hacen únicos. Lo malo es que ahora vivimos atrapados en el famoso cuento del patito feo. Mientras todos los demás municipios que nos rodean llevan años trabajando y cuidando de lo suyo, en Vilagarcía hemos entrado en un túnel de oscuridad que hace mucho tiempo que no enseña el final, pero está claro que está en una evidente y empinada cuesta hacia abajo.
Vilagarcía tendría que ser el cisne de ese cuento. Que todo el mundo viniese aquí primero y luego visitase las otras maravillas de la comarca. Pero eso no ocurre. Y no lo hace porque ese maldito “modelo de ciudad” que nos han querido imponer sin tener ni de lejos la mayoría ciudadana como respaldo (muy socialista por cierto, y si no, pregúntenle a Pedro Sánchez…) no funciona. Es más, estamos comprobando que es nocivo para los vilagarcianos y vilagarcianas. La ciudad está peor que antes. Las calles están más sucias que nunca. El rural ha sido castigado como si tuviese la culpa de que el gran proyecto estrella de Plaza de Galicia haya salido como ha salido, con más críticas y más caídas que piropos. Y ahora, aún encima, la fuente se ensucia porque no la han proyectado bien y falla el mantenimiento. Está más verde que el propio césped que pusieron sin riego. ¿Por eso le han pegado un calambrazo en el IBI rural como no se recordaba, para esquilmar la periferia y dilapidarlo en el centro? Para eso sí existe lo que no es Rey Daviña… muy socialista todo.
El PSOE no pisa las parroquias desde mayo de 2015, en campaña. Están tan entretenidos paralizando el crecimiento de esta ciudad y engordando el cajón del alcalde con temas clave, que no les da tiempo (ni quieren) ir allí donde temen que no los van a recibir bien. Y no lo hacen ni en las fiestas, aunque sea una falta de respeto grave a la ciudadanía, que invita a sus representantes políticos y el gobierno les da plantón. Su obsesión por eso de no acudir a actos religiosos les impide acompañar a sus conciudadanos en sus momentos más importantes del año y que preparan con tanta ilusión. Un feo continuo que la gente no merece y no olvida. Los del PP nos hemos acostumbrado a quedarnos solos en esos actos, seamos gobierno o no, sea año electoral o no, siempre y lo hacemos encantados, porque disfrutamos con nuestros vecinos valorando su esfuerzo.
Pues esos vecinos, y todos los demás de Vilagarcía, no nos merecemos un gobierno que ha hundido a esta ciudad en el más profundo de los abandonos. ¿Y saben qué es lo peor? Que se juntan variables clave: Tienen más dinero que nunca, más personal que nunca y estamos en el momento fundamental del año, pero también tienen menos voluntad política que nunca. Si en pleno verano, con turistas hablando distintos idiomas por las calles, no tienes ni la mínima preocupación de tener el municipio como los chorros del oro, ¿para qué te metes a concejal? Que las calles no se limpian solas lo sabemos todos (aunque no sé si en la concejalía lo tienen claro). Pero que podrían tener a la cabecera de la comarca como una patena, ya se lo digo yo. Lo que pasa es que hay que trabajarlo y eso no se hace desde el despacho grande de Ravella, se hace pateando pistas (aunque sea separando la maleza).
Las redes sociales son un auténtico clamor contra este gobierno de Varela. La suciedad se come, literalmente, cada rincón mientras los gobernantes socialistas siguen durmiendo la siesta de la autocomplacencia. Las quejas que agolpan, como las llamadas y las excusas de Ravella para no atender ni recibir a los vecinos. Sí. Así como suena. Aquello de las supuestas puertas abiertas se ha quedado en la campaña electoral, porque a la hora de la verdad: portazos en las narices de los ciudadanos. Y los que no utilizan las redes sociales, que también los hay, se quejan igualmente y acuden, como se hacía antes, como se hizo siempre, a aquellos políticos que podemos hacer de altavoz a sus peticiones. Y así lo hacemos, porque es nuestro deber. Y nuestra intención es que Vilagarcía vuelva a ser el cisne del cuento ante el que todo el mundo se gira cuando pasa. Al que todo el mundo quiere ver. De momento, toca ser patito feo y además sucio, pero con cambios, en pocos meses, la historia tendrá final feliz. Ya queda menos…