El populismo llevado al grado máximo

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HACE ya tres años y unos cuantos meses que Carlos Negreira ganó por segunda vez las elecciones municipales; hace, por lo tanto, ya tres años y unos cuantos meses que Xulio Ferreiro, el Varoufakis de A Gaiteira, es alcalde de A Coruña. ¡Cómo ha cambiado desde entones! Juraba y perjuraba que dimitir sería algo normal para los mareantes, porque dimitir es parte del trabajo de los políticos. En cuanto se produjese el menor contratiempo, cogerían la puerta y a casa, ya que ni tendrían apego al cargo ni llegaban a la política para enriquecerse. La Marea, nasía pa’ganá, parecía ejemplar, pero solo lo parecía, porque como todos los movimientos populistas regala los oídos al oyente y después hace todo lo contrario de lo que predica. Ahora resulta que ningún concejal tiene que dimitir por el escándalo de los pisos, puesto que hacerlo sería pagar un precio tremendamente caro e injusto.  Claro, entre ser okupa o tener un despacho y cobrar un sueldo hay una buena diferencia; lo mismo que entre actualizar una página web o disfrutar de esas dos ventajas. Anda que no tienen que estar agradecidos ni nada Xiao Varela y Alberto Lema a su jefe. Pero, ¡ay! los funcionarios!, si no fuera por ellos ni habría que haber recordado las promesas de hace tres años y y unos cuantos meses. FOTO: ferreiro le da un cachete cariñoso a lema | javier alborés

El populismo llevado al grado máximo