Irresponsabilidades que provocan la separación de una pata silvestre de sus crías

Una pata de raza alabanca crió en una zona próxima a un colegio de Ribeira | Chechu Río

El descubrimiento a media mañana de ayer por parte de unos alumnos de un centro educativo ribeirense de la presencia de una pata con siete crías en un lugar poco habitual, teniendo en cuenta que su hábitat suelen ser los humedales, se convirtió en un acontecimiento para todos ellos. Aprovechando que el jefe del parque de Bomberos y personal del Grupo de Apoio e Emerxencias Municipal (GAEM) acudieron como observadores al desarrollo de un simulacro de evacuación y rescate de un escolar en ese colegio, los profesores y los niños les informaron del extraño hallazgo de esas aves silvestres de la raza rouen o ánade real, conocida también como alabanco.

En ese momento, se pusieron en marcha los mecanismos para determinar lo que había que hacer. En primer lugar se contactó con personal del parque natural de Corrubedo, desde donde les indicaron que llamasen a los agentes ambientales del distrito. Tras analizar la situación, y teniendo en cuenta que los patos estaban bien, no precisaban de una intervención urgente y tampoco hacían ningún mal allí, se pospuso una actuación para poner en marcha los protocolos de actuación en esos casos, con la finalidad de recoger esas aves por parte del GAEM y entregárselas a los agentes medioambientales, que posteriormente los entregarían en el Centro de Recuperación de Fauna Silvestre de Santa Cruz, en la localidad coruñesa de Oleiros.

Pero, mientras llegaba ese momento, la impaciencia, la imprudencia, la irresponsabilidad y el error de alguna persona de difundir el hallazgo con la ubicación de la pata y sus siete crías. Ello provocó reacciones de gente que decía que quería llevárselos a su casa, algo para lo que es necesario tener autorización, pues de lo contrario estaría incurriendo en un delito. Un individuo decidió acudir a recogerlos por su cuenta, lo cual entrañaba sus riesgos, como finalmente ocurrió. Nada más acercarse a ellos, la pata se asustó y emprendió el vuelo hacia el tejado del colegio y sus proximidades, y él cogió las crías. Avisó al GAEM para informar de lo que pasó, anunciándole que las dejaba allí. Sin embargo, la inspección realizada por los profesionales de emergencias detectó que no había rastro de las aves, aunque el que contactó con ellos juró y perjuró que no se las llevó. El mal ya estaba hecho y lo más probable es que las crías mueran al separarlas de su madre. 

Irresponsabilidades que provocan la separación de una pata silvestre de sus crías

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