jueves 1/10/20

Abraham Leiro | De echar una mano en la vendimia con 17 años a revolucionar su gestión logística

Abraham Leiro, de 17 años, ha creado un programa pionero para el centro de acopio de uva de Viticultores Rías Baixas que reduce horas de trabajo y suministra información a tiempo real a socios, bodegas y veedores
El joven Abraham Leiro preparando una de las entradas de uva en el centro de acopio del polígono | mónica ferreirós
El joven Abraham Leiro preparando una de las entradas de uva en el centro de acopio del polígono | mónica ferreirós

El año pasado el vicepresidente de la Asociación Profesional de Viticultores Rías Baixas, Bruno Somoza, llevó a su sobrino de 16 años al centro de acopio de uva que poseen en el polígono de Cambados para que les echara una mano. La tarea era sencilla, tenía que marcar en cada palé la propiedad y los kilos antes de meterlos en el camión con destino a las bodegas. “Andábamos a gritos para apuntar los datos, escribiendo en el plástico con un rotulador rojo... Era ineficiente”, cuenta el propio Abraham Leiro. Ni corto ni perezoso, implementó un sistema de códigos de barras con hojas Excell, pero no estaba satisfecho, así que empezó a darle vueltas y para este año, en un mes, creó el programa Cplogistics en el que toda la información, hasta el más mínimo detalle, se vuelca al instante permitiendo una gestión organizada y a tiempo real simplemente con algunos clicks y sin rotuladores, ni papeles de calco, cuentas con la mano, que si esta caja es de esta bodega, que si esta palé es americano o europeo (afecta al peso final), etc. 

Vamos, que prácticamente han pasado de la prehistoria a la era digital y además, todos los implicados en el proceso pueden consultar la información a tiempo real porque tienen su propia cuenta en una web. Así, el viticultor puede saber desde su móvil el fruto descargado  y cuánto le queda para cubrir el cupo, el pesaje neto y bruto, la bodega de destino... Hasta puede imprimir el albarán en su casa o la declaración de uva  para entregar en el Fogga, que se genera automática. Todo esto le facilita la vida enormemente a la asociación. “Calculo que ahorra al día entre cuatro y cinco horas de trabajo”, cuenta el joven. Su tío da fe: “Muchos días he llegado a  mi casa a las cinco de la mañana pasando datos o yendo detrás del camión hasta la bodega y esperar a que hicieran el pesaje y a la confirmación”. Ahora no es necesario porque el bodeguero también tiene su cuenta y pueda dar el ok telemáticamente. 

“Piensan que está jugando”
La entidad está encantada con la genial idea de Leiro, que a sus 17 años ha creado él mismo el código web de la página, sin seguir modelos prefabricados. Y es que a pesar de ser estudiante de Formación Profesional de Telecomunicaciones, su pasión es la programación. De hecho, lo muestra orgulloso, aunque para el ojo inexperto no son más que una ristra de letras y signos de puntuación sobre un fondo negro. De hecho, “hay gente que llega y lo ve en el ordenador  y piensa que está jugando a los marcianitos”, cuenta Somoza.

Aviso instantáneo al vendedor
Qué equivocados están. Este joven ha creado un sistema sin parangón, que se sepa, en kilómetros a la redonda. Los propios veedores de la DO Rías Baixas se han mostrado sorprendidos y agradecidos: el programa les alerta mediante correo electrónico y mensaje de Telegram de cómo va la carga de los camiones y esto les ayuda a organizarse porque tienen muchas visitas al día y de esta manera pueden llegar en el momento preciso para certificar el origen de la uva y no perder tiempo con esperas o llamadas.  
Hasta se ha hecho con los viticultores más mayores porque “es intuitivo, bonito cómodo y permite una gestión prácticamente impoluta. Creo que no hay un programa de logística que tenga una interfaz para cada usuario”, cuenta su joven creador, que siempre encuentra algo que mejorar, de hecho, el viticultor hasta puede personalizar su perfil con una fotografía. 

Objetivo fundacional cumplido
En este centro de acopio la asociación gestiona hasta 280.000 kilos de uva procedentes de unos 40 socios –en total son 80 pero el resto vende por su cuenta–. De este modo, está cumpliendo uno de los objetivos por los que estos viticultores decidieron unirse hace cinco años: “Tenemos socios que tienen 1.000 kilos otros de 15.000... Pero los más pequeños tenían más problemas para colocarla y luego había una crisis de precios, se pagaba a 80 céntimos, un euro... Así que queríamos crear una central de compras ayudándoles negociando con las bodegas para que redunden en precios rentables, que permitan cubrir costes y dejar una renta”, cuenta su presidente, Fernando Crusat. En esta campaña han conseguido vender el albariño a 1,55 euros el kilo, aunque Crusat cree que los justo sería llegar a los dos euros. 

En cuanto a la marcha de esta campaña de recogida, indica que las bodegas les buscan a ellos porque “hay más demanda que fruto. La cosecha bajó más de lo esperado debido a las enfermedades”.

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