jueves 04.06.2020

Reportaje | Las obras en la calle Bradomín, música para oídos isleños

La adjudicataria del proyecto de restauración de las casas modernistas de A Illa de Arousa empezó ayer con los preparativos previos a la obra en sí, aunque tras ocho años de espera, su sola presencia ya era como música para los oídos de los isleños 

La adjudicataria empezó a instalar el vallado de seguridad y los contenedores para escombros | gonzalo salgado
La adjudicataria empezó a instalar el vallado de seguridad y los contenedores para escombros | gonzalo salgado

Ocho años ha tenido que esperar el Concello de A Illa de Arousa para ver la luz al final del túnel en que se llegó a convertir el proyecto de las casas modernistas. Tras su compra, fueron múltiples los intentos por conseguir la financiación externa necesaria para su reforma, pues hacerlo en solitario, para una administración local de su calibre, era casi imposible. Pero tras tantas dilaciones y quebraderos de cabeza, los obreros desembarcaron ayer en la calle Marqués de Bradomín y, aunque solo instalaron los contenedores de escombros y vallaron la zona, fue como música para los oídos del gobierno local. 

La adquisición se realizó durante la Alcaldía de Manuel Vázquez y al año siguiente, en 2011, se obtuvo un compromiso de financiación de la reforma por parte del Ministerio de Fomento, pero cambió el gobierno y en los siguientes ejercicios, y con cada Presupuesto del Estado, se esperaba ver plasmada una aportación que nunca llegó, a pesar de las enmiendas presentadas por su partido, el PSOE. 

Etapa final
Su sucesor, Carlos Iglesias, tomó el relevo en 2015 con la misma ilusión y, en esta ocasión, acudió al nuevo gobierno de la Diputación y en 2017 se firmó un convenio. Y cuando todo parecía conseguido y la licitación de las obras estaba en marcha, Patrimonio de la Xunta ordenó introducir una serie de modificaciones en el proyecto de rehabilitación firmado por el arquitecto Manuel Gallego Jarreto y que nació poco después de la adquisición de las viviendas. 

El visto bueno no tardó demasiado y hace algunas semanas se pudo adjudicar el trabajo a la UTE formada por Acciona y Construcciones Ramírez. Con un presupuesto de 2,4 millones de euros, el resultado no será visible hasta, por lo menos, junio de 2019. Prácticamente se derribará todo el interior y poco más que la fachada quedará de estas tres viviendas modernistas: la de Goday, Dona Tomasa y Campaneiro. Pero cuando terminen no habrá más dilaciones para que los vecinos las disfruten, o esa es por lo menos la intención del Concello, que ya ha incluido la dotación de mobiliario para que sean una nueva biblioteca, un centro para jubilados y un espacio de uso socioculturales, sin olvidar sus espacios exteriores (jardines). Para entonces, esta vieja aspiración isleña habrá cumplido casi una década desde que solo era una idea para recuperar estos inmuebles cuyo deterioro ya era preocupante.

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