viernes 20.09.2019

Un vecino aporta restos humanos que encontró en Cálago y que cambian las hipótesis de los arqueólogos

Es una de esas historias que, probablemente, le hubiera gustado retratar a Valle-Inclán y que, además, ocurrió en su pueblo natal.

El alcalde y los responsables de la excavación muestran varios de los fragmentos óseos recuperados | d. a.
El alcalde y los responsables de la excavación muestran varios de los fragmentos óseos recuperados | d. a.

Un vecino de Vilanova de Arousa ha dado un vuelco a la investigación arqueológica desarrollada las pasadas semanas en el yacimiento de Cálago al aportar unos huesos humanos que él mismo encontró, hace tiempo, en el escenario.

La sorprendente aparición ha variado las hipótesis de trabajo de los arqueólogos, ya que los huesos, según ese testimonio, fueron encontrados mucho más al sur de donde los investigadores llevan dos campañas realizando catas.

La historia se conoció casi por azar. Acabada la intervención de este año, los arqueólogos ofrecieron el domingo una visita guiada gratuita a la excavación, para que los vecinos pudieran ver los castros y estructuras aparecidas al sur, cerca del actual cementerio, antes de volver a cubrirlas.

Finalizada la visita, uno de los asistentes les comunicó que él mismo había encontrado restos que podrían ser de interés, que conservaba en su casa. Revelados estos, se corresponden a un buen número de fragmentos de huesos humanos, como una porción de húmero y varias partes del cráneo, incluido el arco de las cejas. Hay también varias conchas.
El alcalde, Gonzalo Durán; el director de la excavación, Mario César Vila, y el adjunto a la dirección, Francisco Alonso, comparecieron ayer para mostrar los restos e indicar las nuevas líneas de trabajo.

A falta de dataciones por radiocarbono y estudios, los huesos parecen pertenecer a una sola persona. Por el tamaño del cráneo, un adulto de poca complexión, tal vez una mujer o un anciano de corta estatura. Sorprende la buena conservación, a pesar de la acidez característica de los suelos gallegos, que destruye los restos humanos en la mayoría de yacimientos. El enterramiento con conchas suele ayudar a la preservación, puesto que su contenido en carbonato cálcico neutraliza el ácido del terreno. No obstante, todo es aventurado.

Los arqueólogos reiteraban que, al no haber sido un hallazgo documentado con todas las garantías en una excavación, no se conoce el medio exacto y características con las que aparecieron, que podrían haber dado más información. Por ello, hasta ahondar en los análisis, todo, incluso el testimonio, debe ser cogido con pinzas.

El monasterio, ¿más cerca?
Eso sí, estos restos han variado ya los objetivos de cara a la próxima excavación, en primavera o verano. Los arqueólogos habían cavado siempre mucho más al norte, junto al cementerio actual. Lo hacían porque era allí donde estaban todas las evidencias conocidas, como las fotografías de principios del siglo XX en las que aún se observaban los restos de la antigua iglesia románica, lo que llevaba a pensar que tal vez, el viejo templo del monasterio podría haber sido construido anteriormente en las inmediaciones o ésta sobre aquél. Y las evidencias de que aquel terreno en la ladera de un promontorio era, probablemente, la terraza de un castro.

El castro, efectivamente, ha aparecido, datándose en varios periodos diferentes, incluyendo elementos romanos. Pero no ha habido rastro del monasterio medieval, posterior a las cabañas castreñas en al menos seis siglos.

Los huesos abren ahora nuevas líneas que, casi con seguridad, llevarán a realizar excavaciones mucho más al sur, cerca del campanario de Cálago. La torre dataría del siglo XII, pero el histórico monasterio pertenecería, al menos, al VII. Si estos huesos son, como podrían ser, de la Alta Edad Media, no pudieron haber sido enterrados lejos de un templo. Pero si aparecieron donde el vecino ha indicado, estarían demasiado distantes del actual camposanto y de donde se erigía la iglesia románica perdida. De ahí que sea probable que el monasterio, anterior a esa iglesia, estuviera más lejos de la ubicación de ésta y más cerca de la torre de lo que se pensaba.

La hipótesis se refuerza porque el mismo vecino comentó que una anciana ya fallecida le dijo un día que no se debía trabajar la tierra en el entorno del actual centro de salud: “Coidadiño que facedes aí, que hai mortos”. Quizás fue el último testimonio oral de un cementerio perdido. ¿El cementerio del monasterio de Cálago?”.

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