miércoles 20.11.2019

El hombre vence en la ancestral lucha contra las bestias en la rapa de Amil

Cientos de personas asistieron ayer a una espectular rapa das bestas de Amil, en el monte Acibal, en la que los aloitadores tuvieron que emplearse a fondo para el marcado de los animales que desde el mediodía ya estaban en el curro para su separación y posterior monta salvaje.

Los aloitadores tuvieron que esforzarse al máximo para dominar a los caballos salvajes que fueron bajados en los días anteriores al Curro de Amil para celebrar la tradicional monta, rapa y marcado de los animales ante cientos de personas | Mónica Ferreirós
Los aloitadores tuvieron que esforzarse al máximo para dominar a los caballos salvajes que fueron bajados en los días anteriores al Curro de Amil para celebrar la tradicional monta, rapa y marcado de los animales ante cientos de personas | Mónica Ferreirós

La lucha ancestral por el dominio de las bestias volvió a repetirse, un año más, en el monte Acibal con motivo de la celebración de la tradicional Rapa das Bestas de Amil, organizada por la Asociación Cabalar Monte Acibal, cuyos integrantes se encargaron de reunir a los caballos, que viven en libertad, para reunirlos en el curro.

El ambiente festivo mezclado con la expectación, la curiosidad y el asombro fue la nota predominante entre las cientos y cientos de personas que se acercaron hasta este curro que cada año atrae a más turistas.

La jornada de mañana se dedicó a la reunión de los caballos y a su posterior separación para proceder después a una exhibición de monta salvaje, que resultó espectacular.

Pero todavía lo fue más la monta, la rapa y el marcado que se realizó por la tarde. Los aloitadores tuvieron que emplearse a fondo ante unos caballos que no se dejaban montar en ningún momento y que, fruto al buen invierno de este año, estaban más fuertes y vigorosos que en ediciones anteriores.

Aún así, fueron capaces de lanzarse sobre ellos con las manos desnudas, agarrarlos por la cabeza y tumbarlos en el suelo con la ayuda de otros para proceder a cortarles las crines y marcarlos, para dejarlos libres nuevamente y lanzar gritos de triunfo con los pelos a modo de trofeo en las manos.
Entre aplausos, gritos, relinchos y gestos de incredulidad fueron marcando a todos los equinos, al tiempo que desde fuera del curro se procedía a la venta de los animales.

Un grupo de gaitas amenizó la jornada hasta que los caballos, una vez marcados y vencidos por heroicos aloitadores, fueron puestos nuevamente en libertad a la espera de que el próximo año vuelva a repetirse la hazaña en el mismo lugar y, quizá por lo que se ha visto este año, con mucho más público en las gradas.

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