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CRÓNICA | Diversión a golpe de pistolas de agua, cubos y un San Roque que se puso el chubasquero

Los cubos fueron los protagonistas de una jornada en la que también cayó el agua de la lluvia I MÓNICA FERREIRÓS

Dicen que es imposible ser de Vilagarcía y no emocionarse con la salida de San Roque de la iglesia parroquial al ritmo del pasodoble Triunfo. Lo cierto es que esa emoción trasciende a los que son oriundos de la ciudad y buena muestra de ello fue que pese a la lluvia los más fieles a la Festa da Auga no quisieron perdérsela. Muchos se creen que la gran diversión se vive la noche previa, pero lo cierto es que el Auga de verdad es la celebración que se respira de día y en la que caben todos. Desde familias enteras, niños y veteranos entregados a la causa. A las once y media ya había gente ante las puertas de la iglesia parroquial. Algunas voces ligeramente afónicas gritaban eso de “San Roque San Roque San Roque es cojonudo” invocando indirectamente a una lluvia que protagonizó la madrugada, pero que respetó buena parte de la mañana. Con los componentes de la Banda de Música parapetados bajo sus chubasqueros empezó a llover. Sin embargo San Roque no estaba dispuesto a dejar sin diversión a las miles de personas que llevan tres años esperando por esta fiesta con dos ediciones suspendidas por causa de la pandemia. 


A las doce menos cuarto se abrieron de par en par las puertas del templo y –copiando la indumentaria de la gran mayoría de los presentes– San Roque salió cubierto con un plástico a modo de chubasquero y la música empezó a sonar. Su trayecto hasta la capilla –medido por muchos años de tradición– duró exactamente quince minutos. De las ventanas y balcones caían papeles de colores y del cielo, lluvia. De ahí que este año no se cumpliese eso de que las mojaduras llegaban siempre después del pregón. 


En el entorno de la capilla la baloncestista vilagarciana, Sara Gómez, (elegida pregonera este año) esperaba su momento. Sus palabras derrocharon ilusión, devoción por el Auga y mucho vilagarcianismo. Aprovechó su posición para pedir más apoyo para el deporte femenino y lanzó globos de color naranja desde las alturas emulando balones de baloncesto. A continuación el cubo de agua inicial que desató la euforia. 


La edición de este año –como ya se había anunciado– no contó con las grandes mangueras en puntos estratégicos, pero no hicieron falta. Las mojaduras se consiguieron gracias al agua caída del cielo y a los vecinos de toda la calle entregados a mojar a la multitud con cubos, barreños e incluso tuppers o cacerolas. Desde abajo un “aquí no llega” que resonó como siempre y grupos de personas disfrutando de una celebración que siempre se ha caracterizado por ser espontánea. Un regreso a los orígenes que fue un éxito, pese a los agoreros que predecían que la jornada iba a ser un fracaso. Tras el pregón la “zona húmida” de esquina a esquina se llenó de música y baile hasta bien entrada la tarde. Los locales hosteleros –con las barras en el exterior– regaban a los presentes y diferentes opciones de música se apoderaron del ambiente en O Castro, A Baldosa o Méndez Núñez. Mientras tanto la otra cara de la fiesta, la de los servicios de limpieza muy madrugadores que se encargaron de retirar la basura de los excesos derivados de una noche que muchos enlazaron con el día para celebrar uno de los retornos más esperados, que ya tocaba.

CRÓNICA | Diversión a golpe de pistolas de agua, cubos y un San Roque que se puso el chubasquero

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