lunes 26/10/20

El CSIC busca una almeja fina inmune a la perkinsosis

Un estudio revela hasta tres razas diferentes repartidas por la costa atlántica, mediterránea y los mares Adriático y Egeo

Mariscadoras de Carril sembrando almeja en la playa de A Concha d.a.

Un estudio genético elaborado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha desvelado que las poblaciones de almeja fina (Ruditapes decussatus) se dividen en tres razas diferentes, repartidas respectivamente por la costa del Atlántico europea, la costa del Mediterráneo Occidental y de Túnez y las costas de los mares Adriático y Egeo. La almeja fina es una de las almejas más apreciadas para su consumo en España y es la que mayor precio alcanza en el mercado (hasta 60 euros por kilo, en la lonja). Es precisamente este estudio el que abre otra puerta: La posibilidad de seleccionar una almeja que sea inmune a la perkinsosis, el talón de aquiles de esta especie.
“Los principales inconvenientes de la almeja fina para el cultivo son una tasa de crecimiento lenta y la susceptibilidad a la perkinsosis, una enfermedad parasitaria que puede provocar gran mortalidad. Estos inconvenientes podrían resolverse con programas de selección genética adecuados. Es posible que las razas descubiertas ahora en este trabajo presenten características diferentes en la tasa de crecimiento  y en cuanto a la susceptibilidad a la perkinsosis, una cuestión que será necesario investigar y que podría aportar resultados interesantes para la selección de la almeja fina”, apunta la investigación.
El trabajo, publicado en la revista Molecular Phylogenetics and Evolution, ha analizado el ADN de más de 400 individuos capturados en 11 poblaciones naturales de almeja fija, repartidas desde Bretaña, en Francia, hasta Turquía.
“La raza más diferente es la del Adriático y el Egeo, que presenta variantes genéticas exclusivas en varios de los genes analizados. Es probable que la diferenciación haya surgido a raíz de los cambios climáticos y del nivel del mar que tuvieron lugar como consecuencia de las glaciaciones durante el período del Pleistoceno (desde hace 2,5 millones de años hasta hace unos 20.000 años)”, explican en el estudio del CSIC.
El estudio sugiere que las diferencias podrían haberse mantenido hasta la actualidad debido a cierta incompatibilidad reproductiva entre las tres razas y como consecuencia de una adaptación a características específicas del hábitat en cada una de las zonas geográficas.

gestión
Estos resultados tienen un gran interés para la conservación de los recursos de la almeja fina y su gestión. En el pasado, el marisqueo excesivo llevó al agotamiento de muchos bancos naturales de este molusco, y se exploró la posibilidad de repoblar las zonas agotadas mediante almejas juveniles traídas de otros países, como Túnez, Portugal o Italia. Sin embargo, los resultados no fueron buenos, por la alta mortalidad de los juveniles. Este estudio muestra que las almejas introducidas habrían pertenecido a diferentes razas, lo que podría haber influido  en el fracaso de ese sistema.
En la actualidad, gran parte de la repoblación de bancos naturales y el cultivo en parques se hace con juveniles procedente de criaderos, que ofrecen la oportunidad de seleccionar los reproductores en función de sus características para el cultivo y evitan el riesgo de importar enfermedades de otras regiones.
En este punto, las hatcherys cumplen una función clave así como la concienciación cada vez mayor del sector a la hora de introducir especies foráneas en sus explotaciones y en sus zonas de trabajo. Y es que es precisamente la falta de control en la siembra lo que provoca importantes problemas a largo plazo con enfermedades y parásitos difíciles de frenar. n

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