Vecinos de un edificio claman tras meses con el garaje inundado de gasoil

Vecinos de un edificio claman tras meses con el garaje inundado de gasoil
Charco gigante de gasoil en la planta más baja del edificio | mónica ferreirós

Desesperados e indefensos. Así se sienten los vecinos del edificio Mar de Arousa, que llevan meses sufriendo importantes filtraciones de gasoil a las que nadie pone solución. El olor era fuerte en un día como el de ayer, completamente soleado, y es irrespirable cuando llueve. Con una de las bombas paralizadas, para no verter el gasoil al río, dos que se rompieron debido al efecto del líquido aceitoso y más de 2.000 euros por cada vez que una empresa tiene que desplazarse con el camión para retirar las fugas, los vecinos ya no saben a quién recurrir.

Todo comenzó en abril, cuando al parar las bombas se encontraron con que el agua contenía gasoil. Al momento, dieron aviso a la Policía Local y a Protección Civil. La primera respuesta que se encontraron fue la que después repetirían los diversos organismos, desde el Seprona al Concello, pasando por Medio Ambiente.

“Es un problema privativo”, repiten, incrédulos, desde una comunidad de vecinos que desde abril asumió más de 10.000 euros en gastos por un problema cuyo origen no pueden detectar. El edificio no tiene depósitos de gasoil por lo que, por la fuerza, la fuga debe venir de otro inmueble o de “la vía pública”, explica el concejal David Oliveira, que señala que en la administración municipal tiene que haber un registro.



Ascensores parados



El edil planteó este asunto en el Pleno y se lo trasladó a la concejala de Urbanismo pero, por el momento, no obtuvo respuesta. Al margen del origen, el final de la fuga, sobre todo en casos de lluvias fuertes, es claro: El río de O Con. Y aquí es donde los afectados se encuentran, además, con amenazas. “Si vertimos el aceite al río nos dicen que nos puede caer una multa de miles de euros”, explica el presidente de la comunidad. Por ello, tienen las bombas sin funcionar, pero temen que en caso de que las precipitaciones sean muy intensas tampoco valga esa medida. Oliveira contrapone el “comportamiento ejemplar” de los vecinos frente al Concello. “No hace nada pese a que podemos estar ante un grave problema medioambiental”, dice el edil.


Tras unos meses de tranquilidad, en septiembre volvieron las lluvias y los primeros problemas graves, con el sótano 2 completamente inundado. Son 40 plazas de garaje que incluso a día de hoy están algo inutilizadas, ya que el suelo está resbaladizo. Durante esos días de precipitaciones, los ascensores permanecieron también sin funcionar, ya que el gasoil entraba por los huecos. Un panorama difícil para un invierno muy temido en la comunidad. 

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