viernes 29.05.2020

Así que pase la pandemia

stamos asistiendo a una tragedia colectiva y a miles de dramas particulares y nos estamos quedando sin palabras para enterrar a tantos muertos. Buena parte de los más de ocho mil compatriotas a los que el coronavirus les ha arrebatado la vida se han ido de éste mundo pavorosamente solos. Los casos de los más de mil quinientos ancianos muertos en residencias geriátricas son otras tantas preguntas para las que nuestra sociedad deberá dar respuesta así que pase la pandemia.
Respuestas de la sociedad y de los gobernantes a los que estos días vemos desbordados por la magnitud de un desafío para el que ni estaban preparados ni alcanzan a dar con los recursos necesarios para rebajar la magnitud de la cifra de víctimas. Ellos estaban para hacer política o teatro con la política. Pero la muerte no tiene tiempo para entretenerse con los relatos de los asesores de imagen. Basta con seguir unos minutos las comparecencias televisivas del presidente del Gobierno para darse cuenta de que estamos en manos de actores, de propagandistas de ideas que no resuelven problemas y tratan de disimular el pecado original de esta tragedia: la falta de previsión para hacer frente a la pandemia cuando el virus letal ya había matado a miles de personas en China y en Italia se contaban por centenares los contagiados y los muertos por decenas. Están saliendo a la luz documentos que prueban que Sanidad había recibido advertencias de las autoridades sanitarias europeas y de la OMS en las que se aconsejaba evitar las concentraciones multitudinarias. Hicieron caso omiso. Estaban a lo suyo, a sus proyectos de ingeniería social. Deberían haber cancelado las marchas del 8M y otros eventos multitudinarios pero no lo hicieron y cuando declararon el confinamiento ya fue tarde y se vieron superados por la agresividad y rapidez de la expansión del virus. Después vino la improvisación y el desconcierto al centralizar toda la logística y la dirección de la lucha contra la pandemia en un Ministerio de Sanidad que estaba sin musculatura, disminuido en su capacidad porque el grueso de sus competencias estaban transferidas a las comunidades autónomas .
La pandemia ha puesto sobre el escenario la cruda realidad de una Sanidad que tiene magníficos profesionales pero anda escasa de recursos hospitalarios en determinados segmentos. Tenemos buenos y angustiados médicos a los que las carencias de UCIs, de respiradores y de otros medios enfrenta cada día a un dilema perverso: elegir entre dos infectados el que por razón de edad pueda tener mayores expectativas de vida. Por eso son tantos los viejos que han muerto solos en las residencias y en los hospitales. Ya digo, son muchas las preguntas pendientes así que pase la pandemia.

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