jueves 1/10/20

Refundar el PP (y, de paso, otras cosas)

Pablo Casado, que mucho dudo de que haya tenido algo que ver con los casos Kitchen y, menos aún, Gürtel, le han pillado estas dos bolas de set con el pie cambiado: no ha sabido reaccionar. Tiene que romper, y es doloroso, con su propia historia. Y ya se alzan voces desde el campo amigo  que quieren dinamitar todo el bagaje del partido fundado por Fraga, refundado por Aznar y quién sabe si echado a perder por Rajoy, que hizo demasiadas veces la vista gorda. Sí, ahora le toca a Casado refundar otra vez el PP y, de paso, los demás habríamos de aprovechar para refundar unas cuantas cosas más. Es lo que tiene cuando se dinamita el pasado: que hay que tener listo un recambio en el presente.
Que Pablo Casado tendrá que echar mano de nuevos colaboradores, nuevas ideas y de un nuevo talante para sacar adelante el que ha sido, y probablemente aún es, el partido con militancia más nutrida y mayor implantación territorial resulta algo evidente. Los tiempos de pandemia evitan la celebración de un congreso extraordinario, en el que sospecho que Casado tendría que mirar menos a Vox y más hacia un acuerdo de país con un PSOE incómodo, tramposo y prepotente. Pero eso es lo que hay.
Claro que, si no puede celebrarse un congreso, bien se puede organizar algún experimento en el que se consulte a la militancia, se intente recuperar a figuras valiosas perdidas y se ponga fin a la guerra larvada entre los ‘dos partido populares’ del pasado, los encarnados por Aznar y por Rajoy, con sus respectivos lugartenientes. Ahora se ve que Casado no había logrado del todo hacer este ‘nuevo partido’ al vencer en aquellas primarias tras la moción de censura contra Rajoy, una moción ante la que Sánchez ahora se siente ratificado con las revelaciones de ‘la Kitchen’.Pero también Sánchez debería ir pensando en una ‘refundación’ de esa mayoría de la investidura, que tantos quebraderos de cabeza le da y nos da.
Estamos en tiempos en los que todo se nos ha roto, desde la figura de Juan Carlos I hasta aquel ‘viejo’ PSOE encarnado por figuras políticas que, con Felipe González a la cabeza, ya ni aparecen por los titulares. No resultaría extraño, por tanto, que el PP también se plantease completar su giro hacia el centro verdadero y ensayase nuevas soluciones, más allá del ‘no por principio’ a Sánchez y del ‘quien la haga, la va a pagar’. Ha de tener en cuenta ese gran partido que es el PP que, junto con el PSOE, es quien debe frenar tentaciones rupturistas por la derecha y por la izquierda. Para mí, el gran peligro de la situación, en una España desguarnecida y debilitada por tantas razones, es la tentación de algunos, y estoy pensando en el secretario general de Unidas Podemos y en los fieles que le quedan, de edificar algo insólitamente nuevo sobre las ruinas que pretenden dejar: esa república de nacionalidades tan ajena al paisaje tradicional de nuestro país. No estamos ahora, creo, para esas fiestas.
Puede que el estallido del ‘caso Kitchen’ sea, como decía Einstein, la crisis que da la oportunidad de construir algo mejor, más moderno, bien definido. Pienso que muchos españoles, que han venido creyendo poco en ese PP de comisiones, escuchas y espionajes, se sentirían muy aliviados sabiendo que tienen una alternativa capaz de convivir con otras opciones y de alejar tentaciones frentistas. Sé que a Casado no le gusta Sánchez y viceversa. Pero ocurre que, con la que está cayendo, no pueden dejar pasar la ocasión de centrarse menos en memorias y agravios históricos, menos en cómo reorientar el Valle de los Caídos y más en el porvenir de todos nosotros, de nuestros hijos y hasta de nuestros nietos, que es lo que ciertamente está en peligro.
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