• Martes, 13 de Noviembre de 2018

Sindicato de putas

La vicepresidenta del Gobierno dijo que la prostitución no era el oficio más antiguo del mundo, sino la esclavitud más antigua de la Historia.

La vicepresidenta del Gobierno dijo que la prostitución no era el oficio más antiguo del mundo, sino la esclavitud más antigua de la Historia. Sin embargo, el Ministerio de Trabajo, tras estudiar los requisitos previstos en la Ley Orgánica de 1985 sobre libertad sindical, ha dado el visto bueno para la creación del sindicato Organización de Trabajadoras Sexuales, que tendrá su sede en Barcelona.
Que el primer sindicato de putas venga de la mano de un gobierno feminista me parece lógico, porque si la iniciativa hubiera partido de un gobierno conservador se le hubieran echado encima con las acusaciones más terribles sobre “el rancio machismo patriarcal, consustancial al capitalismo”. He escrito putas, en la tradición del siglo de Oro, porque Cervantes, Quevedo, Lope y Góngora, usaron el vocablo con asiduidad, y de ahí vienen algunos derivados como putañero, hombre aficionado a las putas. Pero puede que sea la última vez que esto se pueda escribir en un periódico. Este gobierno feminista ya ha hecho lo que suele hacer en su lucha por las libertades: poner en circulación un eufemismo. Las pobres mujeres que se dediquen a la prostitución serán “trabajadoras sexuales”, según doctrina del Ministerio de Trabajo. Y al que las denomine como las llamaba Cervantes, ya verás como se le persigue por machista, mientras al putañero nadie le dirá nada. Vamos, que ir de putas con las trabajadoras sexuales casi será una actividad sindical, mientras que mentar la palabra podrá llegar a ser un desafuero.
Prostituirse, emplear el cuerpo para obtener favores y ganancias, siempre fue una actividad femenina, sin importar la clase social. Pero hacerlo como Mesalina, tercera mujer del emperador Claudio, o Madame Pompadour, la amante favorita de Luis XV, no es lo mismo que permanecer en el camastro de un antro de carretera, esperando a que alguien aparque para hacerle un servicio. Pero esas mujeres, gracias al Gobierno, han dado un gran paso adelante en su libertad. Tendrán que seguir prostituyéndose, pero han dejado de ser putas, y ya son trabajadoras sexuales. Y podrán ejercer el sindicalismo.