viernes 18/9/20

DULCES SUEÑOS

Nos llevamos a la cama el lastre del día. Encendemos la luz de la mesilla

Nos llevamos a la cama el lastre del día. Encendemos la luz de la mesilla y se ilumina el ambiente enrarecido por las urgencias, las responsabilidades, las preocupaciones y los enfados que nos olvidamos de dejar al otro lado de la puerta de la habitación.
Tropezamos entre las sábanas con el radiador estropeado del coche. Nos retorcemos para hacerle sitio a los suspensos del niño y a la reunión de la mañana siguiente en la oficina. Acabamos abrazados a la discusión con nuestra pareja –las mismas frases se repiten hasta perder todo sentido– mientras compartimos un pijama que pica con la idea de que somos incapaces de evitar que se nos escape el tiempo.
Y entre vueltas, suspiros y dolores de cabeza pasamos las noches sin pegar ojo. El insomnio se acuesta con tres de cada diez españoles, que se juegan la salud en cada hora que le escatiman al sueño. Y que pierden un poco el humor cada vez que el despertador suena apenas un rato después de que cayesen rendidos.
Necesitamos que nos enseñen a dormir. Aprender lo que ya sabíamos de forma natural. La clave para alejar las interferencias  y cerrar los ojos imaginando fantasías. Acompasar la respiración con el gesto que se relaja y el cuerpo que empieza a pesar. Abandonarnos al descanso. Como cuando no sabíamos lo que era consultar los problemas con la almohada. Esa que ahora desborda ansiedad.
La involución que nos hace más productores y menos personas nos lleva a acabar dependiendo de la química para conseguir un poco de la tranquilidad que nos negamos a base de convencernos de que tenemos que estar siempre alerta. Como si nos fuésemos a perder algo que mereciese la pena.
Más de la mitad de los que nos rodean sufre estrés. Y no sabe lo que significa sueño reparador. En su dormitorio acechan la hipertensión, la depresión o la pérdida de memoria. En el Día Mundial del Sueño los expertos insisten en la importancia del descanso para la calidad de vida. Las ojeras en este asunto son el menor de los males.
Necesitamos que nos enseñen a dormir. Y, en muchos casos, a soñar.

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