sábado 30.05.2020

Amanecer nunca es poco

Que amanezca no sólo no es poco, sino que es lo único que hay. Cuando deja de amanecer, malo, sobre todo si deja de amanecer para alguien como José Luis Cuerda, pues a los demás nos deja sumidos, de alguna manera, en la noche, y más en España, donde con el cineasta de Albacete se nos va acaso el último intelectual que sabía fundir lo culto con lo popular con una naturalidad, un acierto y una gracia apabullantes.

“Amanece, que no es poco” es un brillante catálogo de guiños literarios, filosóficos, políticos, cinematográficos, históricos y musicales (¡esa banda sonora del gran Pepe Nieto!) que, a través del humor, se hacen comprensibles y amables al gran público. 

Eso es la Cultura, de modo que no es casual que esa película que reúne a actores y actrices de la talla de Saza, Cassen, Rafael Alonso, María Isbert o Aurora Bautista, se convirtiera en una película “de culto” precisamente. 

Aquello que los políticos españoles se empeñan en demostrar o en promover, que la gente es idiota, queda desmentido por esa cinta que sitúa al espectador en la elevación que merece.

Amanecer nunca es poco, aunque el sol salga, como ocurre a menudo, por el sitio equivocado, mas para que amanezca en todo su esplendor es preciso que esté despejado, y en eso, en despejarnos a todos, emplearon su talento esos intelectuales comprometidos, tan abundantes en el pasado y extinguidos hoy con Cuerda: Lorca, Valle, Romero de Torres, los Machado... Escribió Manuel: “Hasta que el pueblo las canta,/las coplas, coplas no son,/y cuando las canta el pueblo,/ya nadie sabe el autor./ Tal es la gloria, Guillén,/ de los que escriben cantares,/oír decir a la gente/ que no los ha escrito nadie./ Procura tú que tus coplas/vayan al pueblo a parar,/aunque dejen de ser tuyas/para ser de los demás./ Que al fundir el corazón/con el alma popular,/ lo que se pierde de nombre/se gana de eternidad.”

La gente usa los diálogos de “Amanece, que no es poco” convertidos en chascarrillos anónimos, o de cosecha propia, y esa es la sencilla eternidad que se lleva José Luís Cuerda, el intelectual de Albacete que iba con sus hijas a todas partes, y que ha dejado de ir pese a ser, como el alcalde de “Amanece”, tan necesario.

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