Lunes 17.12.2018

Esperar para ver

Aunque en su despedida del martes Mariano Rajoy dijera que su renuncia a la presidencia del PP era lo mejor “para él, para el partido y para España”, no creo que a la hora de la verdad ello lo venga a ser por igual en los tres ámbitos señalados.

Aunque en su despedida del martes Mariano Rajoy dijera que su renuncia a la presidencia del PP era lo mejor “para él, para el partido y para España”, no creo que a la hora de la verdad ello lo venga a ser por igual en los tres ámbitos señalados. 
Para él, tal vez. Porque mucho ha sido lo aguantado, sobre todo en los últimos años: insultos, desconsideraciones humillantes y pertinaz desfiguración de su imagen pública. La reiterada información de algún medio digital dándolo como entregado a francachela de unas copas en el reservado de restaurante en que se refugió como centro de trabajo durante los últimos compases de la moción de censura, ha rayado en lo intolerable.
Para España depende. Depende de lo que haga el nuevo Gobierno, que es toda una incógnita. Y es que por primera vez en la democracia española gobierna el país alguien rechazado sistemáticamente por los españoles cuando se les ha pedido su opinión a través de las urnas; alguien que no ha ganado unas elecciones nunca. 
¿Y para el partido? Tal vez sea, a mi juicio, el ámbito en que a corto plazo más se salga ganando si la sucesión se desarrolla con un cierto sentido de unidad y lejos en lo posible de los grandes focos e intereses mediáticos, corporativos y otros. 
Al PP le ha cambiado la vida por completo. Más que a nadie. Ha pasado del Gobierno a la oposición. Rajoy ha sido un presidente con más logros incontestables que sombras en su gestión. Al país lo ha dejado, en efecto, mejor, mucho mejor de lo que estaba cuando en 2011 lo cogió al borde la ruina total. 
Pero si su talante como líder político ha sido más que cuestionable en estos años de presidencia del Gobierno, para ejercer como cabeza visible de la oposición manifiestamente no hubiera valido. Desde la oposición se requiere un discurso más peleón, menos intermitente, más contundente, menos timorato que el que casi por genes lleva en su carácter. 
En su discurso de despedida dijo que el partido tiene argumentos, trayectoria y personas para pelear en todos los rincones y para recuperar cuanto antes el gobierno de España Y bien que lo necesitará. Por una parte, para defender la gestión realizada de la demolición inmisericorde que se anuncia. 
Y por otra, porque al margen de lo guay que pueda quedar lo del astronauta sin experiencia política y la disparidad de nueve mujeres en un “Consejo de ministras y ministros”, hay en él personajes que requerirán un seguimiento muy fino.
¿Un Ejecutivo, como se ha dicho, efectista que supone el inicio de una larguísima campaña electoral? Habrá que esperar un tiempo para responder debidamente a la pregunta. De momento habrá que echar mano de aquella sentencia evangélica del “por sus frutos los conoceréis”. 

Esperar para ver
Comentarios