Menos mal que se han relajado las restricciones

FOTO: Clientes felices en una terraza de Santiago | efe
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Pero qué contentos estamos en Galicia, que ya podemos ir más allá de las fronteras municipales. Nunca tantas ganas tuvimos de ir a tomar un vino a veinte kilómetros de casa como en estas semanas. Así estaban las salidas de las ciudades ayer por la tarde, que parecía 1 de agosto. Lo que nos gusta una área metropolitana... Seguro que hubo quien aprovechó para hacer turismo y descubrir esos pueblos por los que en su vida tuvo el más mínimo interés y ahora se le antojan un paraíso. Es lo que tiene que nos prohíban algo, que lo cogemos con más fuerza. De hecho, dicen que han visto en una terraza a vecinos que la última vez que fueron a un bar pagaron en pesetas. Allí coincidieron con esos grupos de amigas que brindaban por volver a tomar algo juntas. Sin incumplir las normas, se entiende, porque eran de las que hasta ahora pedían un café para llevar y quedaban en un banco. El botellón pandémico, en pleno día y lleno de mayores de cuarenta. Menos mal que ahora ya pueden relajarse, con lo mal que lo han pasado. 

Menos mal que se han relajado las restricciones