Alberto Louzán | “La novela es un sueño cumplido y hacer algo por los demás era la mejor guinda”

El meisino Alberto Louzán con su novela “Negra sombra” | gonzalo salgado
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 Alberto Louzán Escudero (1978) es el “padre” del inspector Hernández, un nuevo personaje de la novela negra española cuyos primeros casos –unos enigmáticos asesinatos rituales– se desarrollan en Lugo, no muy lejos de su villa natal. Lleva a Meis en el corazón y en su propio apellido, ahora estampado en “Negra sombra”, con la que debuta humildemente en el mundo de la literatura de la mano de la editorial salmantina Amarante y que le está dando muchas alegrías. La primera haberla presentado en su “casa” –durante las pasadas fiestas de San Benito–, la que dejó con 17 años para trasladarse a Madrid donde se licenció en Teología y es profesor de religión en un instituto. Aunque realmente nunca la abandonó y, de hecho, sus visitas junto a su mujer y sus tres hijas son tan habituales que se han construido una casa para “mantener lazos y fortalecerlos”, explica.



Cuenta que su deseo de escribir le acompaña desde muy joven, ¿qué le impulsó a dar el paso ahora?

Fue el encierro –una de las pocas cosas buenas del confinamiento– porque antes, por el trabajo, era difícil encontrar tiempo. En un piso y con tres hijas tuvimos que adaptar nuestra vida diaria y pude conseguir sentarme a escribir las primeras páginas, que siempre cuestan más, pero cuando la historia avanza ya engancha y buscas los huecos para seguir escribiendo.



¿Qué encontrará el lector en “Negra sombra”?

Al inspector Hernández trasladado a Lugo en lo que considera una faena porque opina que su prometedora carrera merecía más. Allí se encuentra unos asesinatos muy ratos, con claves en latín y mensajes dirigidos extrañamente a él, entonces se va entremezclando su vida privada, su juventud, infancia… Al principio está muy perdido, pero poco a poco y con la ayuda de un policía gallego, y muy gallego en sus formas de actuar y pensar –en Madrid dicen que somos muy zorros– y de otra agente de Madrid, a la que le ponen como una especie de “babysitter”, va intentando resolver quién es el asesino que atemoriza los montes de Galicia y hasta ahí puedo leer.



Se mostró abierto a una segunda parte, ¿ya está en ello?

Sí y está muy avanzada. Estará ambientada en O Salnés y más cerca de Meis. Confío en que vea la luz, pero dependerá de si gusta la primera. Mi duda siempre es si lo que escribo merece ser publicado y este salto al vacío siempre me hace preguntarme, madre mía, a cuánta gente puedo decepcionar. He recibido muchos halagos de gente conocida, por cariño, pero también de desconocidos y esto me anima a sacar la segunda, que me gusta más que la primera.



La historia es carne de cañón para convertirse en una saga ¿o hay otros temas que le gustaría abordar en una novela?

Sí, de hecho, participo en certámenes de relato corto, pero con el inspector Hernádez recibo comentarios de “estamos esperando el siguiente libro”, que me hacen seguir. Un policía que resuelve casos es fácil que tenga más recorrido y además, creas un mundo y unos personajes que son como hijos y no será fácil soltarlo, pero sí, por la cabeza me rondan otros proyectos, como una novela centrada en las mujeres y las diferentes generaciones



Le haría especial ilusión presentar la novela en su tierra natal.

Mucha, es mi casa. Mis padres son de aquí, yo estudié en el colegio de Mosteiro y jugué en el equipo de fútbol. No tuvo nada que ver con la presentación en Madrid, la carga sentimental fue mucho más potente.



Donará los beneficios a una causa social, ¿porqué?

Esto es un sueño hecho realidad, primero por conseguir escribirlo y luego que una editorial apueste por un escritor novel como yo. Y para hacerlo redondo del todo, qué mejor que ayudando a otros. Gracias a dios tengo mi trabajo y como guinda para este sueño me parecía hacer algo positivo. Va a ser para Unicef y Cáritas y ya lo dije el día de la presentación, si no gusta, por lo menos se aporta algo positivo.



Es licenciado en Teología, que parece un área de conocimiento más bien reservada para quienes luego dan el paso al sacerdocio, pero no es su caso. Resulta curioso.

Estudié en un seminario militar en Madrid donde se formaba a chicos que luego serían sacerdotes en el ejército. Hice la licenciatura y la especialidad y después hay que dar ese paso final que no di hacia el sacerdocio. Es verdad que lo hice pensando sobre todo en dedicar la vida a ayudar a los demás, unos valores que siempre hemos recibido en mi familia. Y sigo vinculado a la iglesia; soy profesor de religión con 400 alumnos y no cambiaría la riqueza personal que me ha dado a parte de otras cosas como que me ha permitido viajar al extranjero y crear mi propia empresa.



Y es profesor. Mucho se habla de la irresponsabilidad de las nuevas generaciones y de su infantilización sobre todo ahora con la pandemia. ¿Cree acertada esta visión de los jóvenes?

No lo creo. Tienen grandes cosas –esta generación es más solidaria de lo que fuimos nosotros–, hay un futuro prometedor. Ahora castigarles o culparles de algunas cosas en la pandemia es un error, hay que apostar y confiar en la juventud. En cuanto a la infantilización, depende un poco de los demás. La madurez viene dada por las cosas de la vida, pero también por la educación recibida y eso es un trabajo de la sociedad. 

Alberto Louzán | “La novela es un sueño cumplido y hacer algo por los demás era la mejor guinda”