¡No toque al pianista!

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Cada vez que hablo con algún paisano mío, que vive de forma permanente en Ourense, me cuenta una historia distinta de las andanzas del actual regidor municipal Gonzalo Pérez Jácome. Historias que se remontan, en la gran mayoría de los casos, a muchos años atrás cuando iniciaba su andadura profesional como reportero con un micrófono en la mano y seguido por una cámara de la televisión de su propiedad con la que realizó la campaña de imagen que le aupó a situarse en uno de los lugares de privilegio con sus votos municipales y ser la llave para realizar cualquier tipo de pacto.

Ahora el regidor municipal, que en cada pleno o comparecencia pública siempre ofrece como en el circo el “más difícil todavía”, ha tenido la idea genial de colocar en su despacho un piano. Dicen que es de su propiedad, pero no cuentan quien pagó el traslado de un instrumento musical tan pesado como es el armonizador de los sonidos a través de las teclas y que no se puede llevar bajo el brazo.

Interpreto que, utilizando el símil de las películas del oeste, con los vaqueros pegando tiros en el salón de juego y con mujeres poco vestidas o bailando el can-can, el alcalde Jácome recuerda a los presentes que está prohibido tocar al pianista y mucho menos disparar contra él. Así por lo menos regía siempre en los carteles que aparecían en los salones donde se hacía mención a que el señor del piano tenía inmunidad para lo que pudiera ocurrir en el interior de la cantina.

Creo que va siendo hora de que los partidos políticos con mayoría de concejales, PP y PSOE, se pongan a la labor de conseguir quitar de la alcaldía a ese máximo responsable que en estos momentos prácticamente se representa a sí mismo, si tenemos en cuenta la correlación de fuerzas existentes que se dan en el Ayuntamiento de Ourense y los que abandonaron su partido localista (Democracia Ourensana). La ciudad de las Burgas no se puede permitir seguir saliendo en los medios de comunicación por las ocurrencias, en muchos casos intolerables, que tiene el alcalde. En esta ocasión y rompiendo el cartel anunciador de las películas de vaqueros creo que sí se puede molestar y retirar al pianista.

¡No toque al pianista!