Sufre una obstrucción en el riñón mientras estaba de viaje tras un año de espera para que le quitaran un cálculo

Una sala de espera en cualquiera de los hospitales de la red pública gallega
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Con una bolsa conectada a la espalda tras una nefrostomía practicada de urgencia, a la espera de una operación que tendría que haberse producido hace algo más de un año. Así se encuentra una vilagarciana tras un periplo sanitario de difícil explicación, con pérdida de expedientes incluida y riesgos innecesarios que incluso pudieron costarle un riñón.


Todo comenzó en agosto de 2020 cuando, tras un ingreso en el Hospital de Montecelo por una perinefritis, entregó en cita previa la hoja de inclusión en el registro de pacientes de espera para la realización de una operación para quitarle un cálculo renal. La mujer guardó y aporta una copia de dicha solicitud. Las recomendaciones médicas fueron sencillas: Analgésicos y vida normal. Y así lo hizo. Sin embargo, nunca más volvió a recibir llamada para dicha intervención. Hace unas semanas, cuando se encontraba de viaje en Turquía, comenzó la pesadilla. Allí sufrió una infección renal que obligó su ingreso en un hospital turco, donde la estabilizaron con “antibiótico en vena”. El alta se la dieron a cambio de que, ya en su país, acudiera de inmediato a un centro médico. Desde el Hospital do Salnés la derivaron a Montecelo, donde le practicaron una nefrostomía percutánea, que consiste en la intrudocción de una sonda a través de la piel en el riñón para drenar la orina.


Sin anestesistas

“Un procedemento invasivo e totalmente innecesario se fose atendida en tempo e forma”, señala la afectada. Fue una vez que recibió el alta en Montecelo, el 6 de octubre, cuando registró una nueva solicitud para su inclusión en lista de espera para cirugía, con prioridad uno, por riesgo de infección. Del anterior proceso, se extraviaron los papeles, según le explicaron desde el Sergas. Ella lo tiene claro, cree que mientras no hay cita fijada para cirugía no se suben los pacientes pendientes al sistema para no incrementar las listas de espera.


Sin embargo, su malestar y enfado seguiría en aumento cuando le dieron cita para el anestesista y al llegar todas las pruebas habían sido suspendidas, debido a que el único médico que está en el servicio no pudo acudir.


Ahora, ya con la intervención prevista para el próximo miércoles y todos los trámites cumplidos (ella misma se puso en contacto con el Hospital para que le hiciesen la PCR necesaria), esta vilagarciana reflexiona sobre la falta de personal en la sanidad pública y los métodos del Sergas. Solo tiene palabras de agradecimiento para médicos, enfermeras y personal de admisión, pero tiene claro que el fallo se encuentra en la “dirección sanitaria”. La respuesta recibida tras el aplazamiento de la primera cita fue la gota que colmó el vaso ya que, asegura, esperaron a que pudiera ser atendida para replicar: “Cónstanos que foi vista en consulta”.

Sufre una obstrucción en el riñón mientras estaba de viaje tras un año de espera para que le quitaran un cálculo