La excavación de la fosa común concluye con tres cuerpos que se analizarán como posibles represaliados

Un equipo de arqueólogos, forenses e investigadores trabajó durante dos semanas en el Cementerio General | m. ferreirós

Con cierto desánimo pero tras una búsqueda incesante que se prolongó durante dos semanas, el equipo de arqueólogos y forense del grupo Histagra, de la Universidad de Santiago de Compostela, abandonaba ayer el Cementerio General de Vilagarcía. No lo hacían solos, sino con restos de tres de los cadáveres exhumados que, por las características del nivel estratigráfico en el que aparecieron y el tipo de enterramiento podrían corresponderse con algunos de los 18 asesinados por el bando franquista entre los años 1936 y 1942.


Uno de estos es un cráneo con un orificio que podría ser un agujero de un disparo de bala. El antropólogo forense Fernando Serrulla, del Instituto de Medicina Legal, llama a la prudencia, pero reconoce que se trata de un dato importante. “Podría ser compatible con un disparo de arma de fuego, tengo que confirmarlo en el laboratorio. Si se confirma podríamos estar ante una de las personas represaliadas”, apunta Serrulla. Al laboratorio precisamente se traslada ahora la acción. Tras la investigación histórica llevada a cabo por O Faiado da Memoria y la arqueológica, a cargo de la Universidade de Santiago de Compostela, llega ahora el momento del estudio antropológico.


Toma de muestras a familiares

“Yo me llevo los huesos ahora para examinarlos con detenimiento, limpiarlos y valorar la posibilidad de hacer algún tipo de análisis genético”, explica el antropólogo. De llevarse a cabo esta última prueba, sería necesario tomar muestras a los familiares de las víctimas, lo que Serrulla hará en las próximas semanas, desplazándose de nuevo a Vilagarcía.


“No estoy muy contento, sabíamos que era muy difícil pero esperaba un resultado mejor”, reconoce Serrulla, que aún así garantiza que su “compromiso con los familiares y con las víctimas” es el de seguir intentándolo.


A nivel forense, el mal estado de los restos, que están muy degradados tras décadas bajo una tierra en la que la humedad aprieta. A nivel arqueológico, el constante crecimiento del cementerio, con construcción de tumbas y edificios de nichos sobre la zona en los años posteriores, complica aún más una intervención ya de por sí compleja por la diseminación de los enterramientos.


“Fueron enterrados en sitios muy dispersos. En 1936 la fosa era mucho más grande”, explica Serrulla. “Nos últimos días a área de traballo se está espallando en zonas con enterramentos recentes. É probable que as persoas que estamos buscando estean entre tumbas do 80 ou do 90”, explica Francisco Alonso, de Tempos Arqueólogos. El responsable de la excavación reconoce que “cada vez que abrimos un pouco e documentamos novos datos, a situación se fai máis complexa”. Sin embargo, pese a la complejidad de la intervención y a la falta de certezas, en cuanto a los restos se refiere, Alonso señala que “confirmamos que a memoria oral non se equivocaba, aquí temos corpos de 1936”. Además, el arqueólogo destaca la importancia de que, por primera vez, se exhume una fosa en Vilagarcía y que, además, esté financiada por el Gobierno.

La excavación de la fosa común concluye con tres cuerpos que se analizarán como posibles represaliados

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