Cambados ensalza a Josefina Blanco, la artista que la Historia quiso olvidar

La alcaldesa, Fátima Abal, y el nieto de Josefina Blanco, Joaquín del Valle-Inclán, colocaron flores en la tumba del pequeño Joaquín | gonzalo salgado

Desde hace más de veinte años en la tumba de Josefina Blanco Tejerina -en el cementerio de Santa Mariña- no faltan flores frescas. De ponérselas se encarga la familia Rial Costa, que las recoge de su propio jardín. El motivo -desconocido para muchos cambadeses- tiene de base una promesa realizada en ese mismo cementerio y que ayer se dio a conocer durante un acto de homenaje promovido por el Concello de Cambados en el camposanto y con el que se busca reivindicar la figura de una mujer excepcional. Y es que el nombre de Josefina Blanco -como la de otras muchas mujeres en la Historia- ha quedado difuminado por el éxito sin parangón del que fue su marido, Ramón María del Valle-Inclán. A este “olvido” histórico se refirió en el acto de recuerdo la alcaldesa Fátima Abal. “Sempre se lembra á sombra do seu home, cando realmente foi unha muller excepcional, cun talento inmenso, unha gran artista e unha avanzada da época”, explicó.


Más que avanzada, pionera. Su nieto, Joaquín del Valle Inclán, destacó que fue la primera mujer en divorciarse en España nada más aprobarse la ley en el año 1932 y contando como abogada con la celebérrima Clara Campoamor. Fue Joaquín el que desgranó que Josefina Blanco fue una niña prodigio de los escenarios teatrales y que solo su estatura -no llegaba a los 160 centímetros- la limitó para conseguir papeles de mayor envergadura. “Ella interpretaba a la ingenua, pero su intención era realizar papeles más trágicos. Dado que no lo pudo conseguir, decidió apartarse de ese mundo”, relata su nieto.


Josefina Blanco Tejerina no nació en Cambados, pero yace en Santa Mariña, pues vivió durante años en la localidad con su familia. Era hogareña, por lo que apenas se la veía en actos públicos. Un contraste con la vida que llevaba cuando visitaba al año hasta 24 capitales de provincia y realizaba entre tres y cuatro funciones diarias. Volvería a esa vida del artisteo tras el divorcio, pero su regreso se vio truncado por el estallido de la Guerra Civil.


Su tumba está justo a la entrada del camposanto a mano izquierda, lejos de la de su hijo Joaquín, que falleció con solo cuatro meses de vida y que descansa en el altar. Fue precisamente en el sepulcro de Joaquín en donde se gestó la relación de la familia Rial Costa con Josefina Blanco Tejerina. Fue hace 41 años cuando Valvanera Costa “Neruca” acudía como cada semana a llevarle flores a su padre, enterrado en ese camposanto. La acompañaba su hija Sandra Rial, de tal solo cinco años. “Neruca” tenía también la costumbre de poner flores en la tumba de Juan Bueno, un párroco de Cambados que la había tratado bien cuando era niña y que yacía, como era costumbre, bajo el altar. Fue entonces cuando la pequeña Sandra se percató de que no había flores en la tumba de Joaquín, al que desde aquel entonces llamaron “o meniño” en la casa Rial Costa. “De seguido colleu unhas poucas das nosas e púxollas encima”, señala Neruca. Desde aquel entonces nunca faltaron en el sepulcro. Ya casi veinte años después, cuando Sandra se disponía a viajar a Argentina para cursar una especialización en Psicología, la joven -consciente de que su madre Neruca se quedaría sola durante su estancia en Buenos Aires- se acercó a la tumba del pequeño Joaquín y le dijo que “ti coida de miña nai que cando eu volva eu coidarei da túa”. Su promesa se cumplió y, desde su regreso a Cambados, también hay flores frescas en la tumba de Josefina Blanco.


La familia Rial Costa estuvo en el homenaje -íntimo, pero emotivo- que Cambados le quiso hacer a Josefina Blanco en el aniversario de su fallecimiento.

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