sábado 21.09.2019

Condenan a 12 meses de cárcel a un padre y un hijo de A Pobra por un delito de maltrato animal

Están inhabilitados durante tres años para ejercer profesión, oficio o comercio con animales y su tenencia

El cadáver del perro fue hallado enterrado el 9 de noviembre de 2015 en A Tomada
El cadáver del perro fue hallado enterrado el 9 de noviembre de 2015 en A Tomada

El Juzgado de lo Penal Número 2 de Santiago condenó al pobrense Andrés Rial Villa y a su hijo Sergio Rial Hermo como autores de un delito de maltrato animal a las penas de 12 meses de prisión, para cada uno. Ninguno tiene antecedentes, por lo que esta vez no ingresarán en la cárcel, pero en la sentencia también se establece que están inhabilitados para el ejercicio de profesión, oficio o comercio que tenga relación con los animales y para la tenencia de los mismos durante un tiempo de 3 años, así como al pago de un tercio de las costas procesales, incluidas las de la acusación particular, que ejerció la asociación Vox Ánima, asistida por la letrada Marián Horta, quien destacó que se está ante una sentencia “muy pionera y reflejo de que la Justicia está cambiando en este sentido”. 
La magistrada Elena Fernández Currás consideró probado que en la tarde del 16 de noviembre de 2015, Andrés Rial golpeó con un objeto contundente al perro pastor alemán “Yako”, propiedad de su hijo, quien presenciaba la escena sin impedirlo mientras el can estaba colgado en un galpón anexo a la vivienda de Quintáns, en la parroquia de Lesón. Añadió que la esposa y madre de ambos, que estaba acusada, también se encontraba en la zona, pero no consta que tuviera participación en los hechos, ni capacidad para impedirlos, y fue absuelta. 
La jueza señala que Andrés dejó de golpear al animal al ser increpado por un vecino, procediendo a ocultar al perro, que fue hallado 23 días después enterrado, muerto y en descomposición en una zona anexa a la Autovía do Barbanza, en A Tomada, a 1,4 kilómetros de la casa. La necropsia reveló que “Yako”  presentaba hematomas y fracturas cervicales compatibles con el disparo a corta distancia de perdigones, que fueron localizados en el cuerpo del perro, “de donde se concluye que el inicial maltrato del animal con un objeto contundente concluyó con la muerte del perro con su arma”. La declaración de ese vecino la calificó la jueza de “clara y contundente”, en cuanto a que desde su domicilio oyó gemidos de un perro, y al asomarse a la ventana vio al acusado golpear con un palo o similar al pastor alemán, que reconoció como de Sergio. 
Ese testigo añadió que el padre y el hijo se acercaron a su casa y, lejos de negar los hechos, los trataron de justificar en que el perro había mordido a Sergio, que presentaba una mordedura como pudo comprobar la Guardia Civil dos días después de ese episodio.  Además, la Policía Local, que acudió al aviso del vecino, encontró una mancha de sangre de grandes dimensiones en una columna del galpón y restos de pelos, lo que no resultaba compatible con el sacrificio de un gallo, como mantuvieron los acusados. La Benemérita también halló restos de sangre en el maletero del coche que Andrés reconoció ser usuario, y en el que se trasladó el animal.

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