jueves 29/10/20

Los gorriones llevan más de mil años cantando lo mismo

El gorrión americano habita en las marismas del noreste de EEUU | aec
El gorrión americano habita en las marismas del noreste de EEUU | aec

Existen algunos pájaros que son capaces de mantener tradiciones culturales con una estabilidad comparable a la de los seres humanos, a pesar de poseer cerebros mucho más pequeños, entre ellos un tipo de gorrión que lleva más de mil años cantando las mismas canciones, que pasaron de generación en generación.
El gorrión americano conocido como Melospiza georgiana, que habitan en las marismas del noreste de Estados Unidos, es capaz de aprender con precisión sus cantos en el 98% de las ocasiones, según un estudio publicado ayer en la revista Nature Communications realizado por investigadores de la Queen Mary University y el Imperial College de Londres El análisis sugiere, además, que no eligen sus tonadas al azar entre aquellas que escuchan en su entorno, sino que seleccionan las que están más extendidas entre sus semejantes.
Se trata de una estrategia de aprendizaje que los investigadores conocen como “sesgo de conformidad”, un modelo que tradicionalmente se había pensado que tan solo seguían los humanos. Los gorriones americanos son capaces de filtrar las nuevas canciones que aparecen en su ambiente y mantienen tan solo aquellas que otros ejemplares entonaron durante cierto tiempo.
La combinación de su habilidad para aprender canciones con precisión, junto con ese sesgo de selección, llevó a que ciertos tipos de tonada hayan perdurado en la población de gorriones durante periodos de tiempo extraordinariamente largos.
“Es bien conocido que muchas especies de pájaros aprenden sus canciones a partir de otros miembros de su especie. Entre los humanos, ese tipo de aprendizaje permitió que amplias comunidades compartieran el mismo dialecto”, dijo el investigador Robert Lachlan.
“Nuestro estudio sugiere que el comportamiento cultural de los animales puede compararse con el de los humanos en algunos aspectos”, agrega. Su estudio demuestra que “una especie de gorrión bastante humilde puede generar tradiciones culturales estables”.

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