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Un hijo del desaparecido en 2008 está convencido "ao 100%" de que el esqueleto de Cabío corresponde a su padre

Antonio, junto a la madre del perro que descubrió el esqueleto, muestra la zona del hallazgo

Antonio González Fernández, hijo menor del vecino de Cabío que desapareció el 16 de enero de 2008, del que no se había vuelto a saber nada, está convencido “ao 100%” que el esqueleto hallado el lunes al mediodía a unos 500 metros de su casa en una zona de monte entre Os Castriños y O Naval, corresponde a su padre, coincidiendo con las sospechas que tienen los investigadores, que están a la espera de los resultados de las pruebas que se realicen a los huesos y a las prendas encontradas allí. Sorprendido y molesto de que los investigadores y quienes participaron en el levantamiento del cadáver no se pusieran en contacto con él para nada, pese a haber indicios sobre que se trataría de su padre, Antonio Gonzalez Santos, de 88 años, insiste en que, aunque no pudo ver el esqueleto, ropa, zapatos o complementos, como visera o cinturón -del bastón de madera que llevaba para ayudarse al andar no se sabe nada y teme que se pudo pudrir-, la información que le proporcionaron quienes tuvieron esa oportunidad, le hace no tener dudas.


A ello, Antonio González añade que no es una suposición, pues en todo este tiempo no hubo otra persona que estuviera aún desaparecida en la zona, y que donde apareció se encuentra en el itinerario de las caminatas de su padre hacia la playa de Lombiña y en las que regresaba por esos caminos de monte. Recordó que por esa zona se le buscó, y que él incluso iba por allí por si acaso veía algo -estuvo hace poco a 12 metros de donde apareció, pero no lo percibió-, y que si no se vio nada entonces se debió a que la maleza estaba muy alta y lo ocultaba, a diferencia de ahora en que el crecimiento de los árboles “aplasta esa vexetación” y puede verse mejor el terreno, aunque está convencido que el hallazgo de esos restos cadávéricos y textiles fue una casualidad. Y recordó que un día después de la desaparición de su padre ya se temió lo peor, pues hacía frío y la lluvia era fina pero continua, y que incluso les dijo a quienes acudieron con perros de rastreo que no contaba que aguantase con vida.



Por su parte, Mariano Fernández Boo, de 55 años, es el vecino del lugar de Cabío que descubrió el esqueleto cuando paseaba con su perro “Ron” después de que este último se aproximase al craneo que, junto con una chaqueta marrón, era lo único que estaba visible, pues el resto estaba semienterrado y oculto por la vegetación de hiedras. Relató que el can movió la calavera unos centímetros al golpearla con su hocico y que, aunque él podía verlo desde 5 metros de distancia, se acercó para comprobarlo. En un primer momento, al ver sólo el craneo pensó que podría tratarse de algo relacionado con Halloween, pero vio la prenda y ya se temió que no era algo aislado. Poco después de llegar a su casa empezó a sospechar que podría tratarse de su vecino desaparecido hace casi tres lustros. Como no tenía saldo en el teléfono móvil, le hizo una perdida a un amigo, que le devolvió la llamada y fue al que le solicitó que contactase con la Guardia Civil para que acudiera hasta allí. 


Un hijo del desaparecido en 2008 está convencido "ao 100%" de que el esqueleto de Cabío corresponde a su padre

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