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De la batea al plato: Viaje al corazón de la Ría en la que se cultiva el mejillón más codiciado

Directivos de la organización de productores Opmega ejercieron de guías en una visita a bateas en la Ría de Arousa | gonzalo salgado

La primera batea llegó a la Ría de Arousa en el año 1945 y desde entonces nadie puede imaginar el paisaje marítimo sin unas estructuras de las que dependen miles de familias y en las que se produce uno de los productos más vinculados a Galicia, el mejillón. En la actualidad hay más de dos mil y de ellas 673 están vinculadas a la organización de productores Opmega. “Producimos o que é o 25 % do mexillón galego e o 50 % do que se destina para a industria”, explica el presidente Ricardo Herbón. Fue él, otros directivos de Opmega y la bateeira de 29 años Celia Herbón los que dirigieron un viaje guiado a varias bateas de la Ría de Arousa para explicar su proceso de producción, cómo trabajan los bateeiros y cuales son sus retos y amenazas.


“Vir á batea para despois descargar mexillón implica saír do porto ás cinco da mañá”, explica Celia. Indica que el motivo –más que por las exigencias de la distribución– viene dado por el propio producto. “Canto máis tempo pase máis auga perde e sobre todo nas épocas de verán de máis calor”, recalca.


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La campaña del mejillón tiene ahora en los meses de julio y agosto –y también es extensible a los meses de septiembre– su mejor momento. “Non é certo iso que se di de que dunha batea saen dúas ou tres colleitas ao ano. Pero quen fai iso?”, se pregunta Ricardo Herbón. Explica que el proceso que va desde la captura de la mejilla, hasta su colocación y amarre en las cuerdas, engorde del producto hasta la talla deseada y posterior extracción puede durar hasta 18 meses. Eso sí –explica Suso Castiñeira de la directiva de Opmega– “non toda a superficie da batea se dedica á mesma actividade. Digamos que se parcela”.


Una batea puede tener hasta 500 cuerdas y, a mayores, contar con un máximo de 150 más con la función de colectoras. ¿Qué cantidad de mejillón produce una batea al año? Pues la respuesta de los bateeiros es la misma preguntes a quién preguntes: “Depende”. Castiñeira indica que “non produce o mesmo unha plataforma, por exemplo, que estea ubicada no polígono de Vilagarcía que outra que estea en Aguiño. A primeira pode producir de media arredor de 35 ou 40 toneladas e a segunda pode chegar ás 80. Depende de moitos condicionantes”.


Las características de la Ría dependiendo de donde esté la batea, el exceso de agua dulce, los cambios climatológicos o incluso especies que pueden ejercer de depredadores como las algas, las estrellas de mar o la corneta hacen variar la producción.


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Buenas perspectivas

Lo cierto es que pese a la crisis de la mejilla provocada por el cierre de buena parte de la costa para obtenerla, los bateeiros apuntan a que la semilla que se ha recolectado hasta el pasado día 15 podría ser suficiente para nutrir las bateas. “O que pasa é que tes que aproveitala moitísimo máis. Non podes desperdiciar absolutamente nada. Eu teño cinco cordas e con iso espero nutrir a batea, pero sen tirar nada. É un traballo complicadísimo, moi minucioso”, explica Suso Castiñeira. Él –bateeiro en la Ría de Pontevedra– asegura que “nunca nos fixo falta saír da nosa Ría para obter mexilla. Nunca. Este ano foi complicadísimo atopala porque hai menos zonas verdes e seguramente en próximas campañas teremos que saír a outros sitios si ou si, senón vai ser imposible”.


En todo caso las perspectivas para la campaña de la industria –que es una de las más potentes para el mejillón gallego– son buenas. “Somos optimistas”, apunta Ricardo Herbón. El hecho de que este año tampoco hubiese episodios graves de marea roja pues favorece al sector. “No 2016 foi un ano de moitísima toxina e houbo que retirar o produto en pleno inverno porque temiamos que se desprendera todo. Foi un traballo nunhas condicións durísimas”, explican.


En cuanto al tamaño del producto desde Opmega indican que la demanda mayoritaria es de mejillón de talla más pequeña. “O que che di o sector comercializador é que ten que haber mexillón todo o ano porque senón pode deixar de demandarse. A xente ten que saber que non todo o ano é boa época para consumir este produto en fresco e que se o quere todo o ano vai a ser máis pequeno. Tamén hai que ter en conta que a localización das bateas tamén inflúen en que estas poidan ou non producir un mexillón de tamaño máis grande ou non”, indica Herbón. ¿Depende el tamaño de lo bueno que esté el mejillón? “Todo é bo e marabilloso sempre que sexa noso”, insiste el presidente de Opmega. “De Galicia e etiquetado”, defendiendo así la importancia de la Denominación de Orixe para el producto gallego.


Los materiales y el coste

Todas las bateas están construidas con madera de eucalipto. “É a máis idónea para o tamaño e as características que se precisan”, explican los bateeiros. Su período de vigencia es de unos 20 años aunque “dependendo da zona pode haber que ir cambiando cousas”. El coste de construcción de una de estas plataformas asciende a los 80.000 euros y un barco bateeiro (imprescindible para ejecutar las tareas que la profesión requiere) no baja de los 200.000 euros.


Desde la Unión Europea reclaman al sector innovar en los materiales que se usan y también en la propia actividad. “Hai algunha batea de fibrocemento, por exemplo, pero de momento non se atopou nada que poida substituír ao que utilizamos”, exponen desde Opmega.


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El relevo

En un sector primario que –al igual que la agricultura y la ganadería– adolece de un relevo generacional Celia Herbón representa precisamente lo contrario. Desde los 19 años trabaja en la batea y desmiente que haya sido este siempre un sector masculinizado. “A man de obra nas bateas sempre foi das mulleres. Eran elas as que encordaban á man, as que se ocupaban de todo o traballo manual dende incluso nenas. É certo que aínda non chegaron aos cargos directivos, pero xa hai moitas propietarias”, expone. Respecto al relevo generacional reconoce que “é algo que falta. Hai moita xente que non sigue indo ao mar, pese a que foi un oficio que veu na familia. Outros que son totalmente alleos pois apostan por probar”.


En lo que coinciden en Opmega es en la necesidad de fomentar la investigación sobre el mejillón y su entorno. “Eu sempre digo que habería que crear un instituto do mexillón, que haxa un histórico que recolla as problemáticas coas que nos atopamos. Que diga pois este ano houbo marea vermella e incidiu nisto e nisto. É un sector moi grande e as bateas dependendo das zonas nas que se atopen teñen unhas características na produción ou outras. Daí que debería haber unha investigación específica”, manifiesta Suso Castiñeira y refrenda Celia Herbón.


Otro de los retos es seguir poniendo en valor un producto que siempre se ha considerado el marisco “pobre”. “O mexillón ten moitísimo potencial e é incrible como incluso na propia terra non se ten en consideración”, exponen desde Opmega. Reconocen que entrar en el mundo de la hostelería para que ofrezcan este producto en diversas variedades “non é fácil” y por ello en ferias y eventos apuestan por la realización de “showcookings” que muestran que hay más formas de consumirlo que al vapor o en conserva. Muchas y muy sabrosas con un producto de sabor único.

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