domingo 27/9/20

El acordeonista Manso logra la doble nacionalidad

Es Salvador Cores Robado, conocido como “Manso”, un hombre pegado a un acordeón.
El artista oriundo de Vilaxoán recibe hoy el título de hijo adoptivo: “Me siento cambadés aunque no olvido mis raíces”
el acordeonista ante el saco de fefiñáns, las vistas que tiene desde su casa emilio moldes
el acordeonista ante el saco de fefiñáns, las vistas que tiene desde su casa emilio moldes

Es Salvador Cores Robado, conocido como “Manso”, un hombre pegado a un acordeón. En el pulcro maletero de su Mercedes no fallan los triángulos reflectantes y el “Fantini”, con motivos en nácar y su nombre grabado, porque la ocasión de animar eventos familiares y de amistades acecha en cualquier esquina. Lo encargó especialmente a una manufactura italiana, “es la cuna los acordeones. Familias enteras se dedican a eso“. Sabe lepe, que se diría, de este instrumento al que llegó por tradición familiar y casualidades, en cumplimiento de su sueño de adolescente: tocar en una orquesta, además, en esto de la música, “era lo que había para ganar dinero”. Pero se inició en el piano –con una profesora de las Filipenses de Vilagarcía– que, en aquel momento, era un instrumento ausente sobre los palcos de las fiestas. De hecho, usaba y usa un acordeón a piano porque la “mano derecha tiene el mismo teclado”.

tocó en
la mítica orquesta krazzy-krae: “éramos como la panorama
de la época”

ha visto crecer la villa donde fue taxista, gerente de
un vivero y directivo de
la cultural

 

llegó con 15 años

Entró en su primer grupo con 12 años, era el de su hermano, “Manso y sus muchachos”. Juntos eran, por lo menos, la tercera generación de “Mansos” artistas, nacidos en una casa cuya planta baja era un salón de baile. Un punto de encuentro y baile de la sociedad vilaxoanesa de la época, animado por el acordeón de su padre; y un modo de vida más para su familia, aunque “mi madre cobraba en la puerta, a tres “patacones” la entrada, dice el artista. “Es que imagínate, en el año 47 no había ni que comer”.

Hoy pasará a ser Hijo Adoptivo de la capital del albariño en la que lleva desde los 15 años y hasta hoy, con 76. Llegó para unirse a la orquesta Clippers pero fue la mítica Krazzy-Kray donde empezó a consolidarse. Asegura que su éxito por aquel entonces era tal que se podría decir que “éramos la Panorama de aquellos tiempos. Te lo juro, no éramos una cualquiera. Tocábamos a pulmón, no había esos amplificadores ni estos palcos tan bonitos. A veces, llegábamos y estaba hecho con las puertas de una cuadra, y horas y horas. Así quedei pequeno, de cargar co acordeón”, ríe. Juntos recorrieron Asturias durante años, Madrid e incluso estuvieron en el Carnaval de Tenerife. Sin embargo, fijó su residencia para siempre en Cambados con 19, cuando Josefina González, “Fina a Fica”, le robó el corazón aunque primero fue la bicicleta. “Habíamos ido al cine un amigo y yo en Vilagarcía y dejábamos las bicis fuera –de aquella nadie se atrevía a robarlas- y cuando salimos estaba ella y otra amiga dando vueltas”, rememora. Desde entonces, Cores Robado tiene la doble nacionalidad arousana, porque que nadie le diga que se ha olvidado del pueblo donde se crió: Vilaxoán, “de la parroquia de Sobradelo”, puntualiza. Y es que “me siento de Cambados pero sin olvidar mis raíces”, insiste.

cohetes para el puerto

Por si hubiera dudas, recuerda “siempre he estado muy ligado a la Coral Polifónica, llevo 38 años en Vilaxoán Canta, los últimos 12 como director”. Y de Cambados aún aporta más referencias: “Manso e Amigos inauguramos el Auditorio da Xuventude con la Banda de Castrelo y el año pasado la nueva Cultural, de la cual fue directivo durante 22 años y 18 como vicepresidente”. Sin olvidar que compuso un tema dedicado a la villa y otro a la Festa do Albariño. Ha visto “crecer y evolucionar” Cambados y echa la vista atrás sentado en el enorme salón de la casa familiar, ubicada en O Pombal. “Cuando llegó el anuncio de construir el puerto de Tragove, el alcalde Joaquín Fole me mandó ir a buscar cohetes para celebrarlo, porque yo tenía un taxi de aquella, pasé por todo (ríe)”.

promoción de cambados

El acordeonista recibe el título con naturalidad, gran satisfacción personal y como broche a su carretera artística, dice, aunque, a continuación advierte, “aún queda mucho Manso”. Del mismo, conoce los motivo: “por llevar el nombre de Cambados con la Krazzy-Krae y Manso e amigos allá a donde hemos ido. En los letreros del coche de la orquesta ponía Cambados, en las propagandas de las fiestas que recorrimos, ponía orquesta de Cambados”. Y así lo recoge la propia propuesta del Gobierno local.

La decisión fue adoptada por unanimidad del Pleno del día 25 de octubre, aportando un remanso de paz al choque de posiciones a que acostumbran estos debates políticos. “Se puso toda la Corporación de pie, aplaudiéndome. Me emocioné y lloré”.

–Casi concilia usted a los políticos de diferente color.

–“Casi”, contesta y advierte a continuación: “Yo me llevo bien con todo el mundo”. Manso entiende además, que se trata de “una responsabilidad y compromiso de honrar defender y difundir la nobleza” de Cambados. Y ya le tiene sitio al pergamino, “en la pared, encima del piano porque toda mi popularidad se debe al acordeón y ese fue el comienzo”.

La entrega se desarrollará hoy, a las 19 horas, aprovechando el concierto de Navidad que tradicionalmente ofrece su grupo y además, en compañía del exitoso trompetista Esteban Batallán; y pide a todos los cambadeses y vilaxoaneses a que acudan “porque va haber una canción dedicada a ambos sitios”. “Manso e amigos” nacía tras dejar la música “comercial” y junto a los músicos José Antonio Vilas, Ramón Vieites, Olegario Falcón, Juan Silva y Blas Domínguez, a los que “agradezco mucho su colaboración porque me han ayudado a conseguirlo”, dice. Juntos ofrecen conciertos gratuitamente allá donde los llamen y han recibido llamadas de toda la comarca e incluso de fuera de Galicia.

lapsus en su carrera

Pocas veces ha dejado “Manso” la música en segundo lugar. La época más prolongada se produjo cuando llegó a los 36 años. “Se me venía la edad encima y tenía que buscarme un porvenir más seguro, era muy sacrificado, no veías a la familia...”. Así, fue taxista, propietario de un vivero de mejillón en el Saco de Fefiñáns, que exportaba a Italia y a Francia, hasta llegar al laboratorio del O Centro de Investigacións Mariñas (CIMA), de Vilanova, donde trabajó durante 30 años hasta su jubilación.

Es el último “Manso” músico, procedente de la época de grandes acordeonistas como Poceiro o Diosiño; y por el momento, su sucesión está difícil pues, aunque sus hijos y algún nieto tiene formación musical, no ha conseguido introducirles el gusanillo por el acordeón.

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