viernes 10.04.2020

Las impresoras 3D de Vista Real se unen a la fabricación de EPIs

El Concello y varias empresas donan la materia prima. Las viseras se repartirán primero entre las emergencias locales
La docente Ana Gándara se encarga de los equipos y ayer recibió la visita del teniente de alcalde, Javier Tourís | G. SALGADO
La docente Ana Gándara se encarga de los equipos y ayer recibió la visita del teniente de alcalde, Javier Tourís | G. SALGADO

Ayudar en todo lo que se pueda. Las impresoras 3D que alberga el pazo Vista Real de Vilanova, sede pionera de formación en esta tecnología en Galicia, se han puesto esta semana a funcionar a todo trapo para aumentar la fabricación de EPIs (Equipos de Protección Individual) frente al coronavirus.

Las ocho grandes impresoras del centro se unen a un proyecto de voluntariado tecnológico a nivel estatal, coordinado en la Autonomía por el grupo “Coronavirus Makers Galicia”. Son propietarios de impresoras 3D que han decidido formar comunidad, compartir diseños de diferentes dispositivos de protección y fabricarlos, en sus casas. Ahora, también, desde el pazo propiedad del Concello de Vilanova.

Viseras de protección

Lo que sale de las máquinas de Vista Real son viseras con careta transparente, piezas cuya forma recuerda a máscaras de soldadura, pero diáfanas, permitiendo cubrir ojos, nariz y boca de sus portadores, de forma autónoma.

Las primeras unidades fabricadas se quedarán en el municipio, comenzando con su reparto para la Policía Local, Protección Civil, farmacias, sector sanitario y abriéndose posterior y gradualmente a todo aquel que las necesite.

Las impresoras 3D necesitan varias cosas para funcionar. De un lado, los diseños informáticos —los planos para fabricar objetos— que llegan compartidos del proyecto a nivel estatal. De otro, la materia prima, como el carrete plástico y acetato, que para esta acción solidaria en el pazo aportan o financian el Concello, así como varias empresas de las acciones formativas del pazo y los propios voluntarios.

La operadora, la docente del centro Ana Gándara, trabaja sola en las aulas para evitar contagios y, además, al igual que otros voluntarios de la firma Salnés-Campus, imprime también con sus equipos domésticos. Porque la otra cosa que necesitan estas impresoras es tiempo. Y cuantas más haya funcionando, mayor será la producción. Todo ello permite que de Vilanova salgan al día entre 16 y 20 nuevas viseras, para su desinfección y entrega. l

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