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Nicky Jam en Cambados: una pista de básquet, no a las drogas y un público en éxtasis

El artista puertorriqueño durante su actuación en la LXX Festa do Albariño/ Gonzalo Salgado

La elección de Nicky Jam como cabeza de cartel de la Festa do Albariño despertó ciertos recelos en su día, pero no entre los más jóvenes, que suspiraban por un artista de nivel internacional acorde con sus gustos porque, guste o no, el puertorriqueño es una estrella y llena allá donde va. Pocas veces se ha visto en los conciertos de Fefiñáns un público tan entregado, que se supiera todas y una de la canciones, y ayer pasó en la monumental plaza. Más de 4.000 voces cantaron al unísono su repertorio, conformado por algunos de sus hits y temas nuevos y, eso sí, móvil en mano. En ocasiones hasta resultaba imposible ver el escenario sin que un dispositivo interrumpiera la visión.


La actuación del artista, considerado como uno de los máximos exponentes de la música urbana y del reguetón, empezó con diez minutos de antelación a la hora prevista (22:30) y duró una hora de reloj. Para algunos asistentes esto le restó puntos y también hubo algunos descontentos con la fluidez del acceso, sobre todo de quienes pensaron que llegar una hora antes sería suficiente para acceder a un recinto donde se iban a reunir miles de personas. Tampoco estuvo muy fina la organización a la hora de facilitar el trabajo de los medios de comunicación.


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Jam interactuó con el público, agradeciéndole la espera de dos años pues, cabe recordar, que el concierto era para 2020 pero la pandemia obligó a posponerlo en dos ocasiones. También se sinceró contando que lleva diez años limpio de drogas y animó a los asistentes a vivir libres de las ataduras de una adicción.


Se echó en falta una pequeña oda al vino albariño, pero las caras de los asistentes eran un poema: Nicky Jam los tenía embobados. Ahora, si alguien volvió contenta a casa fue la joven a la que subió al escenario cuando descubrió que llevaba un tatuaje de él. Hasta le firmó un autógrafo en la piel y no sería de extrañar que también pase a la perpetuidad con tinta. Pero nadie consiguió lo más codiciado que se pedía en los múltiples carteles que se exhibieron en primera fila: su gorra.


Humo, confeti y juegos de luces llenaron el ambiente y una legión de bailarinas escasas de ropa se encargó de las frenéticas coreografías. Además, un dj calentó motores desde media tarde hasta dar paso al concierto más esperado del Albariño.


Según ha podido saber este diario, antes de subirse al escenario de Fefiñáns, el también compositor pidió una pista de básquet para hacer unas canastas, el salmón figura entre sus comidas preferidas y durante su estancia en O Salnés se alojó en un hotel de A Toxa (O Grove). 

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