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El penúltimo agosto de Pedro Sánchez

Vivimos tiempos apocalípticos. Hay expertos ‘climatólogos’ -hoy surgen tales expertos sobre cualquier cosa de actualidad- que aseguran que este será nuestro último, o penúltimo, verano ‘templado’, porque el cambio climático nos augura temperaturas aún más elevadas cada año. Y este puede ser también el penúltimo agosto de Pedro Sánchez en La Moncloa, en Doñana, en La Mareta, en el Falcon. Al menos, eso es lo que te dicen en los cuarteles del Partido Popular, aunque reconocen que “al incansable, para lo bueno y para lo malo”, Sánchez le queda mucha cuerda.


Véase, si no, que Sánchez inaugura agosto, y luego sus vacaciones, con un consejo de ministros en el que dará carta de naturaleza legal a las medidas de ahorro energético y fijará hasta dónde podremos gozar/sufrir de frío y de calor.


Claro que si esos expertos climatólogos tienen razón y cada ‘ferragosto’ va a ser peor que el anterior, habrá que revisar esa gradación mínima y máxima de calefacciones y aires acondicionados que este lunes nos va a imponer el Consejo de Ministros. Aquí todo es provisional y los profetas, entre ellos algunos ministros, te advierten de que, además, va a ser peor. Así que disfrute usted, que ya llegará el otoño caliente que nos dejará helados.


Y menos mal que el Consejo de Ministros no regulará --¿no? ¿Seguro?-- si hemos o no de llevar corbata, y cuándo hemos de llevarla. Porque esta semana se encuentran, en la tradicional ‘cumbre’ veraniega de Marivent, con posado a la entrada y comparecencia presidencial después, el Rey y Pedro Sánchez. Siempre salían trajeados y encorbatados. Quizá este año, con el nuevo ‘dress code pedrista’, a ambos les veamos con la camisa abierta. O quizá el descorbatamiento presidencial se redujese a su comparecencia del pasado viernes ante los chicos de la prensa, para, pocas horas después, ponerse nuevamente el incómodo adminículo al cuello durante sus encuentros con dignatarios en los Balcanes. Al menos, lo ha logrado: pocos comentaristas se han salvado --yo no-- de la tentación de escribir sobre corbatas, que eran, antes, un vicio oculto de la burguesía, como insinuó Pompidou.


Después, el Gobierno se irá de vacaciones, temo que con muchos deberes sin hacer, entre otras cosas porque no se puede planificar lo imprevisible, y aquí lo imprevisible se llama Putin, empeñado en dejar Europa hecha unos zorros. Así, lo único que tenemos claro, y no mucho para quienes especulan con serpientes de verano y calendarios presidenciales, es que este será el penúltimo agosto en Doñana para Pedro Sánchez... salvo, claro, que continúe. Que eso no pueden certificarlo ni los fabricantes de encuestas más proclives a vaticinar el triunfo arrollador de la derecha.

El penúltimo agosto de Pedro Sánchez

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