viernes 10.04.2020

Los profesionales en el frente de la crisis demuestran su valor a diario

La mayoría asume la posibilidad de contagio como un riesgo profesional más y realizan un sobreesfuerzo
Miembros del UME, desinfectándose | Guillermo santos
Miembros del UME, desinfectándose | Guillermo santos

Mientras los que pueden se refugian en sus hogares, sufren un ERTE o, y  si es posible, recurren al teletrabajo, hay algunos profesionales cuyo oficio les hace imprescindibles en primera línea, como los policías o los sanitarios. Por ejemplo, Germán Peces-Barba es neumólogo de la Fundación Jiménez-Díaz de Madrid y cada día acude a su puesto de trabajo con la esperanza de que sus pacientes superen el COVID-19, aunque reconoce que la situación es complicada y admite que tiene miedo a contagiarse aunque lo acepta como un “riesgo profesional”. 

Destaca con rotundidad que nunca había visto algo similar a lo que está ocurriendo con la pandemia del coronavirus, “ni en los peores años de la gripe”, porque la afluencia de personas en urgencias está siendo “enorme”. Con esta situación de “alta demanda” los profesionales sanitarios prolongan su jornada, “echan horas de manera espectacular y muy solidaria, ejemplar, sin una queja”. Y a las jornadas interminables se une la dificultad de trabajar con los equipos de protección que son “agobiantes” porque el ambiente en el que trabaja él y el resto del personal sanitario de su planta es de contagio activo. 

Lamenta que ya haya habido casos positivos entre los compañeros y admite que tienen miedo al contagio: “pues claro, pero lo aceptamos como riesgo profesional. Ponemos todas las precauciones que están a nuestro alcance pero no dejamos de pensar en esa posibilidad, es inevitable”. 

Tristeza en las calles desiertas 
Cuando se decretó el estado de alarma por el coronavirus, Álvaro, policía nacional, no estaba de servicio. Dos días más tarde salió a patrullar  y no pudo evitar sentir “tristeza”, “pena”, incluso “angustia”, al recorrer las calles de su ciudad casi vacías. No vio niños y eso le sobrecogió. Pero había que seguir, era imprescindible. Ya hay 157 agentes de la Policía Nacional y de la Guardia Civil infectados por coronavirus. Además, dos miembros de instituto armado han fallecido. 

Las fuerzas de seguridad están expuestas a este riesgo y sus mandos han intentado flexibilizar las condiciones laborales para que estén expuestos “el mínimo tiempo posible” pero, a la vez, tener “la máxima disponibilidad”. “Para que cuando vayamos cayendo, tener agentes de repuesto. Así de duro”, añade Álvaro.

Una corriente de simpatía con los trabajadores de recogida de residuos urbanos se extiende entre la población. Así lo percibe este colectivo que exhibe con gratitud los mensajes que niños y adultos les dejan en las tapas de los cubos: “Muchas gracias superbasureros”, “Gracias por limpiar la ciudad”. “En medio de esta epidemia, somos uno de los oficios más importantes para que todo siga con normalidad y la gente se está dando cuenta”, lo dice, orgulloso, Miguel Ledesema, 52 años, 29 de ellos trabajando en una de las concesionarias que se hace cargo de la recogida de basura de Madrid, desde uno de esos camiones en los que ha recorrido, dice, la mayoría de los barrios de la ciudad. 

Esta gente sí que no para”. El que habla es el cabo Carlos Rodríguez, a cargo de un pequeño grupo de la Unidad Militar de Emergencias (UME) que recorre estos días pueblos de las afueras de Valencia armado con 3.500 litros de agua y lejía. Explica que lleva 25 años en el Ejército y ha vivido otras catástrofes como incendios o inundaciones, pero esta crisis, reconoce, “es una parcela más que nos ha tocado descubrir”. Su objetivo lo tiene claro: “Apoyar a todos los españoles, que para eso estamos”.

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