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Los restos de San Valentín, el sacerdote que desafió a Claudio II, descansan en Madrid

Las reliquias del patrón de los enamorados, San Valentín, están en Madrid desde hace más de dos siglos/EFE/Ballesteros

Las reliquias de San Valentín, patrón de los enamorados, llegaron a Madrid a finales del siglo XVIII como “un regalo del Papa al rey Carlos IV”, que los confió a la orden de los Pobres Clérigos Regulares de la Madre de Dios de las Escuelas Pías (Escolapios), y desde entonces descansan en la Iglesia de San Antón.


En ese templo situado en la calle Hortaleza se encuentran esos restos en la actualidad al amparo del Padre Ángel y los voluntarios de Mensajeros de la Paz, que se levantan cada mañana a preparar el desayuno para personas que lo necesitan.


En un cubículo de cristal situado en el extremo derecho de la parroquia, las tibias, el cráneo y otras restos humanos cuentan la historia de un santo martirizado por reivindicar el derecho de los soldados a casarse en contra de las órdenes del emperador romano Claudio II, tal y como cuenta a Efe el Padre Ángel, fundador de la asociación Mensajeros Por la Paz, desde la Iglesia de San Antón.


La mayoría de expertos, según un texto cedido por el Padre Ángel a Efe, coinciden en señalar que el santo por el que se celebra el Día de los Enamorados era el obispo de Terni, en Italia.


Durante su gobierno, Claudio II emitió un decreto “por el que prohibía el matrimonio a los soldados de sus legiones, porque se pensaba que eran más fuertes sin tener en la mente a sus familias”.


Valentín, un sacerdote convencido del poder del amor, hizo caso omiso y realizó bodas secretas, desafiando la voluntad del hombre más poderoso de Roma y asumiendo el riesgo al que se exponía.


Al tiempo, el sacerdote fue descubierto y llamado por el emperador para rendir cuentas, en un encuentro en el que Valentín trató de convencer a Claudio II para que siguiera la doctrina de Cristo.


No lo logró y, pese a que había gente en contra de castigarle, el hoy patrón de los enamorados fue torturado y, finalmente, martirizado el 14 de febrero del año 269.


El cadáver fue enterrado en una fosa de un cementerio común, pero sus discípulos se hicieron con el cuerpo y lo devolvieron a su localidad natal, donde estuvo más de 200 años hasta que en el 496 el papa Gelasio I incluyó a Valentín entre los nombres de los mártires cristianos.


Atraen a "muchas personas"

El Padre Ángel asegura que las reliquias atraen a “muchas personas”, porque acuden novios y casados y, por eso, cuando se acerca el 14 de febrero de cada año, los responsables de la iglesia trasladan el cubículo de cristal al altar mayor para rendir homenaje a San Valentín con misas y otros eventos.


“San Valentín no es un santo para pedir novio; es uno para venir a dar las gracias por el amor que uno tiene”, aclara el eclesiástico, que reivindica el amor “a cualquier edad”.


“Aunque tengas 80 o 90 años puedes y debes seguir estando enamorado, y no solo de una persona, también de un proyecto, de una vocación, de una afición... Si no estuviéramos enamorados, estaríamos muertos”, asegura convencido el padre Ángel.


Aunque los restos “más conocidos” descansan en Madrid, hay varios templos católicos en Europa que reclaman que las reliquias de San Valentín se encuentran en sus lugares de culto, tal y como ocurre en Praga, Dublín, Viena, Glasgow o Birmingham.


Madrid, sin embargo, sigue convencida de albergar los restos del patrón de todos los enamorados, esos que cada 14 de febrero se exponen en al altar mayor de San Antón para recordar la importancia del amor.

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