lunes 01.06.2020

Miles de cuernos de todo el mundo toman Oeste

Llegaron en sus drakkars pasado el mediodía y, fieles a la tradición, desembarcaron por doquier a la toma de las Torres de Oeste. Fueron miles.

La dramatización de ayer en las Torres fue una de las más multitudinarias que se recuerdan.
La dramatización de ayer en las Torres fue una de las más multitudinarias que se recuerdan.

Llegaron en sus drakkars pasado el mediodía y, fieles a la tradición, desembarcaron por doquier a la toma de las Torres de Oeste. Fueron miles de pares de cuernos los que ayer portaron los innumerables vikingos que participaron en el acto central de la única Fiesta de Interés Turístico Internacional del entorno: La Romería Vikinga de Catoira. 
La afluencia siempre es multitudinaria, pero a pocos se les escapaba que la de ayer fue una de las más concurridas de todas las recordadas. Y van 55. 
La cita siempre deja instantáneas de gran fuerza, dado el colorido y la naturaleza singular de la concentración. La marea humana que literalmente tomó ayer Oeste dejó claro que la fiesta no solo sigue en plena forma, sino que continúa creciendo año tras año, alentada por los avances que sigue haciendo en el plano social y político. Porque a Catoira no le basta con llegar al reconocimiento mundial y se ha sumergido en un proyecto europeo para seguir promocionando, investigando y divulgando la cultura vikinga a través de nuevos proyectos que en los próximos años supondrán una inversión de casi dos millones de euros en los países miembros de aquel plan. Si España está en esa lista, es única y exclusivamente gracias a Catoira. 

fiesta, fuego y teatro
El desembarco tuvo de todo. Por supuesto, cascos vikingos. Fuego, tambores, danza y las más extravagantes y delirantes actuaciones desarrolladas por millares de personas de alma festiva completaron el atractivo que hace incomparable el evento de ayer. 
Más allá de lo que siempre se deja a la improvisación de los participantes, el programa oficial dictó ya desde bien temprano pasacalles con grupos folclóricos y la Guardia Pretoriana. Se hizo boca con una mejillonada acompañada de vino tinto y se pudo hacer tiempo disfrutando de los encantos del mercado medieval. Más música preludió el gran desembarco, seguido del tradicional almuerzo campestre, así como de una tarde dedicada a los juegos populares y, lentamente, la expulsión de los peculiares normandos.

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