domingo 18.08.2019

Malos tiempos para el ahorrador conservador

 andrés iglesias*
La primera conclusión que podríamos extraer es optar por productos conservadores que invierten mayormente la cartera en renta fija | Cedida por Inter Asesoría
La primera conclusión que podríamos extraer es optar por productos conservadores que invierten mayormente la cartera en renta fija | Cedida por Inter Asesoría

No hace mucho tiempo, el ahorrador tradicional con un capital a invertir lo tenía muy fácil para rentabilizar sus ahorros, la imposición a plazo fijo de toda la vida: el capital estaba asegurado y periódicamente se recibían los intereses correspondientes. Se cumplían las dos premisas básicas del ahorrador conservador: el capital invertido asegurado y además un rendimiento fijo y seguro. Así mismo la deuda pública (letras tesoro, bonos y obligaciones del estado) también cumplía los mismos objetivos.

Hasta un capital de 100.000 por entidad bancaria y depositante, el Fondo de Garantía de Depósitos garantiza totalmente el capital(esto viene a significar que, en caso de quiebra del banco en cuestión, actualmente tiene 15 días hábiles para proceder al reintegro de la totalidad del capital depositado, siempre y cuando no supere dicha cantidad),por lo que si usted tuviera mayor cantidad ahorrada en cuentas y depósitos, es recomendable que coloque esos ahorros en varias entidades o a nombre de varios titulares.


Desde la crisis financiera que comenzó en 2008, y tras las consiguientes bajadas de los tipos de interés por los bancos centrales (en la Unión Monetaria el Banco Central Europeo lo tiene fijado en el 0%) la rentabilidad de los depósitos han llegado al mínimo, incluso alguna voces del sector bancario ya están hablando de “cobrar” por las imposiciones y por los depósitos. Con decir que el “bund”, el bono alemán a 10 años (el activo financiero seguro por antonomasia),el equivalente al bono español a 10 años y el que sirve de referencia para medir la prima de riesgo de cada país, tiene rentabilidades negativas: los inversores adquieren bonos alemanes y no solo no reciben rendimientos a cambio sino que incluso “ pagan” por poseerlos. A día de hoy tenemos el euríbor a 12 meses en el -0,112%,las letras del tesoro en la última subasta del Tesoro estaban al -0,465% y la rentabilidad del bono a 10 años en el mercado secundario de deuda cotizando al 0,243%.

Todo ello ha llevado a las entidades bancarias a aconsejar a sus clientes asumir cada vez más riesgo para rentabilizar sus ahorros a través de los diversos productos que comercializan (fondos de inversión, planes de pensiones, seguros de ahorro, y principalmente renta variable, es decir “bolsa pura y dura”).

La primera conclusión que podríamos extraer es optar por productos conservadores que invierten mayormente la cartera en renta fija, lo que no significa que no pueda perder valor, tanto la renta fija pública (bonos del estado y letras del tesoro) como la privada (bonos y pagarés de empresa) también oscilan, quizá no en tanta medida como la renta variable, pero recordemos julio de 2012 cuando la prima de riesgo española llegó a superar los 600 puntos básicos (en la actualidad está en unos 82 puntos básicos) y España estaba al borde del rescate.
No obstante cuando un ahorrador conservador se presenta en el banco diciendo que no quiere asumir riesgos y que desea el producto lo más seguro posible, se encuentra con el argumento del empleado de la entidad de que “hay que cambiar de actitud y que hay que empezar a asumir más riesgos y que incluso los productos más seguros que tienen en el mercado tienen un buen porcentaje de su cartera invertido en bolsa”. Por poner un ejemplo: quizá la gente crea que si invierte sus ahorros en un plan de pensiones de cara a su jubilación futura para complementar su pensión pública puede estar tranquilo ante los vaivenes del mercado, esto es totalmente incierto, ya que a día de hoy incluso los planes de pensiones más conservadores tienen alrededor de un 30% de su cartera invertido en renta variable y su oscilación en algunos casos lleva a plantearse la inversión en estos productos, que si bien gozan de un tratamiento fiscal ventajoso, en algunos casos esta ventaja se pierde por la minusvalía latente que supone la valoración de mercado de sus derechos consolidados.


También es habitual que nos ofrezcan como alternativa los depósitos estructurados o híbridos: un depósito cuyo rendimiento está vinculado a posibles revalorizaciones futuras de una cesta de empresas, con lo que al final dependemos de la evolución de la bolsa, y lo de “posibles” en gran número de casos el rendimiento se queda en el 0%.


En la actualidad invertir los ahorros en bolsa no es aconsejable para el ahorrador conservador (a no ser que cuente con una cierta envergadura de capital y decida que con una parte de ellos va a asumir mayor riesgo) ya que supone un sinvivir constante agravado por la inestabilidad política actual: la guerra comercial de Estados Unidos con China, la incertidumbre del Brexit, las turbulencias en los mercados por las elecciones argentinas y el populismo de algunos dirigentes.
Esto puede inducirnos a plantearse la inversión en inmuebles dado que el mercado inmobiliario parece que en los últimos tiempos ha sufrido una cierta recuperación, y además de su posible rentabilidad mediante su oferta en alquiler también se puede esperar una cierta revalorización en su valor de mercado. Pero esta inversión también acarrea inconvenientes: su falta de liquidez inmediata, la incertidumbre ante una nueva e imprevisible burbuja inmobiliaria, el disponer de un excedente de capital considerable para invertir, etc.


Todo lo expuesto nos lleva a la conclusión que si alguien pretende tener tranquilidad con sus ahorros asegurados puede despedirse de obtener rendimientos a cambio y únicamente puede aspirar a no sufrir mermas en su capital.
*Asesor Fiscal en
INTER Asesoría

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