domingo 15.12.2019

La razón torturada

El vicepresidente de la Generalitat, Pere Aragonés, explicó en Madrid que a Cataluña está abocada a la independencia, una vez fracasadas todas las opciones sobre su definitivo encaje en la España constitucional. Lo llamativo de su afirmación es que la vía hacia ese objetivo, el de la implantación de una república catalana con Estado propio, ha de ser el diálogo con el Gobierno. O sea, la complicidad del Estado español en su propia demolición. Y si en las circunstancias políticas actuales no se da aún esa complicidad, solo es por “el miedo a la derecha de Pedro Sánchez”.

Para el número dos de Torra, “la derecha necesita el conflicto catalán para seguir cohesionada”. Y eso es como nombrar la soga en casa del ahorcado. Dicho sea porque el rumbo de las cosas, aún frescos los lamentables sucesos posteriores a la publicación de la sentencia del “proces”, demuestra que la ecuación de es cierta pero justo al revés. Es el fracturado independentismo el que mira hacia el fuego de las barricadas como motivo para reconocer al enemigo común: España y lo español, representados en un Estado vengativo. Por eso en su discurso se han colado con fuerza las advertencias frente a la temida complicidad del PSOE con el PP después de las elecciones del 10 de noviembre.

Sobre la nueva república catalana que habita en el imaginario independentista, explica Aragonés que sería mestiza, acogedora, moderna y “consustancialmente europea”. Resultado de un pacto bilateral entre Cataluña y el Estado. De tú a tú. Como si fueran dos potencias nacidas de dos legitimidades distintas. Con la misma capacidad de propuesta y tanto a derecho de una parte a defender la unidad de España como el de la otra a defender la independencia de Cataluña. Lo mejor viene ahora. Todo eso puede hacerse dentro de la ley, según Aragonés. Por ejemplo, delegando en la Generalitat la competencia estatal de convocar un referéndum. Tal cual. Como cualquier otra transferencia. Tan sencillo como eso. Frente a independencia, diálogo. Frente a sentencia del Supremo, amnistía. No un indulto, ni siquiera indulto general, que perdona la pena pero no la deroga, sino amnistía, dejando claro que no se cometió ningún delito.

Los intentos del director de Europa Press, Javier García Vila, por abrirse paso en este ejercicio de tortura al pensamiento lógico por parte del invitado, resultaron infructuosos. También en el capotazo final, cuando Javier le preguntó por el desprestigio acelerado el presidente de la Generalitat. “Es que a Torra no lo eligen en Madrid, lo elegimos en Cataluña”. Ah, bueno, eso ya lo explica todo.

La razón torturada
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