miércoles 13.11.2019

¿Qué fue de las primarias?

Hubo un día, nada lejano, en que los partidos que se presumían nuevos, vírgenes y puros, nos admonizaron sobre la necesidad de hacer primarias como los americanos para regenerar nuestra podrida democracia que con su sola presencia y ese talismán milagroso iba a quedarse más reluciente que una patena. Fue tal el ardor de los jóvenes adanes que proclamaron que todo partido que no las hiciera no podía tener consideración de democrático y debía serle impuesto por ley su celebración obligatoria. Por aquel entonces, que era ayer, resultaba difícil oponerse a ello y te condenaban a las tinieblas por un mero comentario señalando que se utilizaban por el mundo y aquí en España fórmulas diferentes, con sus defectos y tachas, pero que podían ser tan validas como la que ellos imponían. Que había congresos, que había diversas elecciones internas y que aunque el peso de los aparatos era mucho y solía ser decisivo, también existían cauces correctores y participativos diferentes. Y que en los partidos era y iba a seguir siendo moneda de uso común, con o sin primarias, que el líder máximo repartiera, con su guardia pretoriana, los puestos en las listas y los cargos. Que así era la rosa, con primarias y sin ellas. Que norteamericanos no éramos.

Y así es en lo que ha acabado la cosa. Que primarias sí, se hacen, y que luego el sanedrín y el jefe se las pasan por el arco de su triunfo y quitan y cambian a quien les da la gana. O sea, que por las provincias los militantes votan y luego en la sede central del partido deciden. Vamos lo que ha hecho Sánchez, que le pasó la dalla a los afines de Susana Díaz y a todos los propuestos por las bases que no eran del gusto o estorbaban a la colocación de un ministro en la cabecera, que la misma hoz vale para segar en Sevilla o en Guadalajara.

Lo normal es que ya las primarias ni se hagan. Al personal se le han ido quitando las ganas y en la mayoría de los casos solo hay un candidato. El del aparato. Y si se hacen sea este quien las gane. Ciudadanos ha empleado mucho este sistema. Hacer aterrizar un paraca o un tránsfuga y volcarse en su apoyo para aplastar cualquier intento rebelde. Por lo general han ganado, excepto en Castilla y León, donde el tiro les ha volado el pie, porque visto que perdían se dedicaron a inyectar votos falsos hasta que ya ganaba la Clemente. Descubierto el pastel, seguimos sin saber quiénes fueron los autores del fraude y quiénes sus inductores, que no debió ser un militante de base sino alguien con entorchados de general y de los que salen en las fotos con Rivera. En el caso de Podemos, p el asunto alcanza tal grado de paroximso que uno ya se ha perdido en las peleas y facciones de su particular Vida de Brian. Pero está claro que bien no ha salido el experimento. En Madrid va ya por tres listas que lo mismo se pueden convertir en cuatro o fusionarse por decreto con la vuelta del macho alfa.

La panacea de las primarias ha venido a quedar en pantomina, en esperpento o en el dedazo de toda la vida. Que ha resultado a la postre ser la fórmula empleada por todos. El jefe, que en verdad y en ciertos casos ha tenido que batirse el cobre y en dura batalla para hacerse con el mando, elige y selecciona a sus equipos como le viene en gana y atendiendo a sus necesidades futuras por si gana... y por si pierde.

¿Qué fue de las primarias?
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