martes 11/8/20

La huida hacia delante de Torra que nadie quiere secundar

Quim Torra está solo. Tanto como quien maneja sus hilos, Carles Puigdemont, que su exilio dorado de Waterloo en tanto la Justicia belga no atienda la euroorden enviada por España y proceda a su extradición. Entre ambos diseñaron la última pirueta, traducida en la comparecencia del propio Torra ayer en el parlamento catalán y que sirvió para escenificar que buena parte del independentismo catalán está en eso de “tonterías las justas”. 
Tras su tibia denuncia de la violencia, proclamada con nocturnidad y alevosía supina (en plena madrugada se emitió un mensaje de poco más de un minuto que había sido grabado horas antes), ayer subió a la palestra intentando volver a relanzar el proceso secesionista. Pero su “ho tornarem a fer” sonó a canto de sirena, a grito desesperado de quien sabe que ha perdido el protagonismo y hasta la poca credibilidad que le quedaba entre los suyos.
Ni sus socios de ERC, tan reacios a mostrar fisuras en el movimiento independentistas (por mucho que el cuerpo en más de una ocasión les pidiera dejar a Torra y a Puigdemont con las vergüenzas al aire), ni los antisistema de la CUP, a quienes la celebración de un nuevo referéndum les tenía que sonar a música celestial, ya que todo lo que sea inestabilidad les encanta. 
Por no conseguir, no consiguió ni el apoyo de los Comuns. Ellos son fundamentales para sacar adelante los presupuestos catalanes (con esto de la autodeterminación, la comunidad lleva tres años con las cuentas prorrogadas) y su líder, Jéssica Albiach, definió desde la tribuna el discurso de Torra como delirante. Y así fue. Pero no es la primera vez que el delirio se apodera de la política catalana. Lejos de ello, llevan años viviendo en su particular Arcadia. O, al menos, pretendiendo que los ciudadanos creyeran eso mientras se dedicaban a saquear todo el dinero público que podían.

La huida hacia delante de Torra que nadie quiere secundar
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